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España gasta mucho más de lo que ingresa, y a pesar del incremento de impuestos, el déficit aumenta como nunca habíamos visto y con ello la deuda.

 

Recientemente Patxi Aranguren escribía en estas mismas páginas un artículo que llevaba por título “España no está en quiebra”. Tras la lectura del texto, me vienen a la mente una serie de reflexiones. La primera, que es cierto que hoy España no está en quiebra pero, si no cambiamos las cosas pronto, va camino de una situación financiera insostenible.

 

Aranguren suscribe que un país entra en quiebra cuando no puede hacer frente al pago de sus obligaciones y no genera confianza para que le compren deuda. Pues bien, España mantiene desde 2008 un déficit presupuestario recurrente que desde hace unos años se ha incrementado hasta niveles nunca antes vistos. Según los datos oficiales, nuestro país se ha convertido en el segundo del mundo, por detrás de Grecia, donde más ha crecido la deuda pública. Ha pasado de representar el 95,5% en el cuarto trimestre de 2019, al 123% en la actualidad, lo que significa que hemos gastado 204.000 millones de euros más de lo que hemos recaudado.

 

Dicho de otra forma: la deuda pública en España se sitúa en 1.425.000 millones, lo que equivale a que cada español que tiene la suerte de trabajar debe más de 70.000 euros. Pero ¿quién hace posible que gastemos mucho más de lo que ingresamos? Por ahora, el Banco Central Europeo, prestando a un tipo de interés negativo, todo el dinero que España necesita.

 

Pero mucho me temo que no va a resultar posible mantener esta situación durante mucho más tiempo. Todo tiene un límite. Se nos olvida que lo que nos dejan hay que devolverlo. Si no invertimos la tendencia, llegará un momento que los tipos subirán y si no estamos en un nivel de deuda menor, será muy difícil hacer frente a las obligaciones y no generaremos la confianza suficiente como para que alguien nos preste más dinero y, ahí sí, España entrará en quiebra.

 

La actuación del Banco Central Europeo, prestando gratis el dinero que otros no nos prestarían, tiene como objetivo conseguir que países como España no se ahoguen financieramente y tengan tiempo de reestructurar su economía y equilibrar sus cuentas de ingresos y gastos. Pero España no parece estar en ese camino. Sigue gastando mucho más de lo que ingresa, y a pesar del incremento continuado de impuestos, el déficit aumenta como nunca antes habíamos visto y con ello la deuda.

 

¿Y quién está pagando estos excesos? Como siempre los ciudadanos, pero ahora por partida doble.

 

Es por todos conocido el incremento continuado de impuestos que estamos sufriendo: el IRPF, Patrimonio, Sociedades, IVA, Gasolina, Electricidad, etc. Ahora además de los impuestos, hay que sumar el coste que para las familias supone la pérdida del poder adquisitivo de sus ahorros.

 

En España, durante los últimos años, el esfuerzo de las familias ha sido excepcional. Ante la incertidumbre de lo que se nos podía venir encima, las familias han dado ejemplo de gestión responsable, apretándose el cinturón y gastando menos que lo que ingresaban con la idea de tener remanente en el caso de que las cosas fueran mal y hubiera que tirar de esos ahorros.

 

La actuación del Banco Central Europeo, fijando tipos de interés negativos, hace que el Gobierno se financie gratis mientras los ciudadanos no reciben nada a cambio de sus ahorros. Es una forma “elegante” de confiscar el ahorro de las familias, perdiendo poder adquisitivo, ya que mientras los precios se han incrementado un 5%, los ahorros valen cada vez menos. Así que, tal y como indica Aranguren, si España paga menos intereses que en el 2013 es gracias a la gestión del Banco Central Europeo, pero con el dinero de todos los españoles que cada vez somos más pobres, tenemos menos ahorro y debemos más.

 

En la situación actual, entiendo que de los Presupuestos Generales del Estado y de Navarra de 2022 debieran eliminarse todos aquellos gastos que no son absolutamente necesarios y ser muy eficientes en el resto, con el objetivo único de ir a favorecer el crecimiento económico para, de esta forma, incrementar los ingresos. Será la única vía de ir reduciendo la deuda. No hacerlo nos llevará a tener un país encaminado a la quiebra.

 

José María Aracama Yoldi Presidente del think tank Institución Futuro

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