Diario de Navarra, 14 de septiembre de 2005
Conferencia Emilio Lamo de Espinosa
Insiste sobre una idea: el mundo será más próspero y seguro si aumenta el número de democracias y se refuerzan las relaciones entre Europa y América.
Invitado ayer por la Institución Futuro para hablar sobre El nuevo orden internacional, Emilio Lamo de Espinosa, catedrático de Sociología de la Universidad Complutense y exdirector del Instituto Elcano de Estudios Internacionales, subraya que la garantía de la prosperidad en el mundo es la democratización de los países porque «los países democráticos no se agreden, respetan los derechos de las personas, generan paz hacia dentro, generan riqueza y la distribuyen mejor».
Colaborador en El País y ABC, doctor en Derecho y Sociología, antiguo director general de universidades, de la Fundación Ortega y Gasset y del Centro Español de Relaciones Internacionales, se muestra más partidario de la profundización europea que de la ampliación. Sobre el papel de España en el mundo piensa que «además de jugar en la liga europea donde tenemos que estar en vanguardia», España juega en el Atlántico junto a Estados Unidos y América Latina apostando más «por las agendas bilaterales que por las cumbres multilaterales. Y jugamos en el Magreb compitiendo con Francia», subraya.

-¿Cómo explica que en el siglo XXI uno de los agentes de la política sean las religiones?

– Ante la idea de que la historia ha acabado porque las ideas no van más allá, estamos ante un renacer de las ideologías y de un renacer de fundamentalismos religiosos, del musulmán, del judío y del cristiano. Las tres grandes religiones experimentan procesos de revitalización y de radicalización. Las religiones siempre han sido grandes actores de la historia.

-¿Las religiones son parte del problema mundial o parte de la solución?

-Son también parte de la solución, pero en la medida que ha habido un desvanecimiento de las grandes utopías políticas, ese espacio vuelve a ser ocupado por quienes siempre han gestionado las visiones milenarias, que son las religiones. Pero también hay un renacimiento de un pensamiento simplificador de la realidad vista en términos maniqueos entre un antiamericanismo y un proamericanismo.

-Salvo en Irak o en Israel, nuestra mirada exterior se detiene más en la geografía del hambre. ¿Son las zonas que menos interesan a los gobernantes?

-Hay un contraste claro entre las sensibilidades de la calle y las de la clase política. Donde ha quedado más de manifiesto es con el proyecto del tratado constitucional europeo. Toda la clase política estaba impulsándolo y la ciudadanía, que debía recibir ese don, lo ha rechazado.

-¿Qué han hecho mal los políticos para que Europa se vea tan lejana de la ciudadanía?

-Ha sido problema del propio proyecto. Era un producto elitista que la ciudadanía lo ha sentido como un producto ajeno.

-¿Fue un error la alianza de España con EE.UU. en la guerra de Irak?

-Buscar una alianza sólida con el Reino Unido y con Estados Unidos creo que fue positivo por los intereses de España en América Latina. Fue profundizar en una línea que ya había comenzado con los gobiernos de Felipe González de europeísmo proatlantista representada por Javier Solana. Pero de ahí a la cumbre de las Azores hay un trecho. España probablemente sobreactuó en la cumbre de las Azores. Probablemente podíamos haber jugado un papel más modesto como jugó Italia o Portugal, con menor visibilidad. Eso habría facilitado la comprensión de los españoles. Tuvimos miedo escénico. Hubo un exceso que luego ha reproducido este gobierno excediéndose en sentido contrario en declaraciones antiamericanas, no anti Bush. Despreciar la bandera molesta a todos y ahora estamos corrigiéndolo.

-Como estudioso de Ortega, ¿qué le preocuparía hoy a Ortega?

-Lo que me preocupa a mí: cómo articular la gobernabilidad del mundo. Por vez primera la humanidad es una. Todo el mundo está vinculado con todo el mundo y nada humano nos es ajeno. Antes las historias eran locales, pero hoy tenemos una agenda de problemas que sólo se pueden abordar a nivel mundial como es el medio ambiente, el terrorismo, las armas de destrucción masiva, las emigraciones… ¿Quién gobierna la globalización? ¿Naciones Unidas? ¿Estados Unidos? Creo que la única alternativa es una alianza de democracias.

-¿Quién marca las agendas internacionales: Bin Laden, las grandes corporaciones o los grandes Estados?

-En sociología hay dos grandes modelos que explican todo. Uno es el conspirativo, el de la hiperinteligencia que marca todo. Yo soy partidario del modelo de las consecuencias no intencionadas. Los hombres somos torpes, nuestra visión escasa e inteligencia limitada, tomamos decisiones cansados y, a veces, las cosas salen bien y otras mal. Más que pensar en una mano oculta, creo que las cosas ocurren porque se suman acciones de uno y otro y pasa lo que nadie quería.

-¿Por ejemplo, que circulen artefactos nucleares fuera de control?

– No es tan difícil. Después del 11-S debemos darnos cuenta de que todo lo que imaginamos pude llegar a ocurrir. El problema de un atentado con armas de destrucción de masiva, me cuesta decirlo, no es si va a ocurrir, sino cuándo.

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