Diario de Navarra, 2 de agosto de 2015
José León Taberna, miembro de la comisión ejecutiva del think tank Institución Futuro

Hace poco me comentaba un empresario que, al salir al extranjero a expandir su negocio, había encontrado una de las claves de los países más prósperos que el nuestro. Ésta no era otra que su capacidad para ponerse de acuerdo, de saber priorizar lo que les une en vez de lo que les separa y no perder el tiempo en luchas internas. Esto lo comentaba a todos los niveles, no solo de empresa, sino también político, social…

Sus palabras volvieron a resonar en mi cabeza cuando el Rey Felipe VI hizo entrega en Bilbao del premio Reino de España a José Ferrer, el presidente de honor de Freixenet y uno de los artífices de la expansión de la compañía. Institución Futuro, como miembro de la red de Círculos de Empresarios de España, estuvo presente en la entrega de dicho premio, una distinción que conceden el Círculo de Empresarios, el Círculo de Economía (de Cataluña) y el Círculo de Empresarios Vascos para reconocer la trayectoria y el ejemplo de un empresario relevante.

Resultó cuanto menos curioso ver cómo el premio a un catalán se concedía en el País Vasco, cómo el año anterior la entrega del galardón a Enrique de Sendagorta, fundador de Sener, una empresa vasca puntera en I+D, se realizó en Madrid y cómo el año que viene ya está anunciado que el acto se celebrará en Barcelona. En el acto se oyó hablar castellano, euskera y catalán, sin que resultase chocante ni forzado, con toda naturalidad.

¿A dónde quiero ir a parar? Como dijo el Rey en su discurso, “Al entregar a José Ferrer el Premio Reino de España en esta querida y dinámica tierra que es el País Vasco, ponemos de relieve, una vez más, todo lo que nos une; todo lo que somos y lo mucho que compartimos, que refuerza nuestro camino de progreso”. No puedo estar más de acuerdo. Para poder generar riqueza de manera constante y ordenada, los empresarios no necesitan poner fronteras; no pueden aceptar peajes políticos de ningún tipo; y todo ello sin ningún complejo, como se demuestra al premiar a colegas de cualquier parte del país bajo el título “Reino de España”, ahí es nada.

Cuánto podríamos aprender todos, a todos los niveles, de esa actitud de querer construir, de colaborar y de ponernos de acuerdo dejando de lado nuestro lugar de procedencia, nuestro idioma materno o nuestras siglas políticas… Cada uno jugamos un papel en el progreso económico, los empresarios generando puestos de trabajo, los ciudadanos cumpliendo con sus obligaciones tributarias… sin olvidar al entorno institucional, que debería ofrecer seguridad jurídica, respeto a la ley, confianza y estabilidad.

Si algo diferencia a este premio de otros que se conceden en nuestro país es su afán de querer poner de relevancia la figura del empresario como generador de empleo, como aportador al progreso y bienestar de la sociedad en su conjunto. Por desgracia, estas características pasan desapercibidas con demasiada frecuencia. Ahora que el desempleo es una de las principales preocupaciones de los ciudadanos, no resultaría descabellado pensar que pueda existir un genuino aprecio social que reconozca, valore y agradezca la contribución de los mismos. No en vano, ¿quién crea empleo en nuestro país? El 31% de la población española vive de una nómina pública, entre empleados públicos, parados y pensionistas, y no son sino los trabajadores del sector privado y las consiguientes empresas los que, con el pago de diferentes tributos, logran que el sistema de bienestar sea sostenible.

No puedo más que agradecer a los Círculos de empresarios el que hayan instaurado este galardón. Con él se demuestra que los retos a los que nos enfrentamos pueden superarse con espíritu creativo, capacidad para asumir riesgos, determinación en las decisiones, pasión por el trabajo, espíritu de superación, trabajo en equipo… pero, sobre todo, con voluntad de construir, colaborar y acordar. Ojalá el buen ejemplo de los premiados cunda entre todos.

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