Diario de Noticias, 16 de marzo de 2010
Cristina Berechet, Responsable de Investigación de Institución Futuro
La crisis económica y el déficit público que acarrea han hecho que se empiece a cuestionar en nuestro país el tamaño del sector público. Hace poco, un artículo publicado por la Fundación de las Cajas de Ahorros informaba de que el empleo público ha crecido en la última década un 26,97%, siendo las administraciones autonómicas las que mayor crecimiento de personal público registraron, mientras que la Administración central consigue una ligera reducción.

Asimismo, el Servicio de Estudios Económicos del BBVA abre el debate sobre el importante peso que la remuneración de los asalariados públicos está ganando año tras año en el Producto Interior Bruto.

Pero éstas no son las únicas instituciones que analizan el sector público. En octubre del año pasado, el EAE Business School publicaba otro informe, El Coste de la Administración pública en España, que también estudia, además del coste de la Administración pública, el número de asalariados en el sector público.

A pesar de la variedad de las fuentes de datos utilizadas y de las discrepancias existentes entre ellas, el debate se centra en el aumento del número de asalariados públicos a lo largo de los últimos años.

No obstante, al relativizar los datos de empleados públicos en función del número de habitantes, el crecimiento del empleo no es tan acusado. Según cálculos propios, a partir del Boletín Estadístico del Personal al Servicio de las Administraciones públicas, en los últimos nueve años el número de empleados en España pasó de 54,84 (julio de 2000) a 56,98 empleados por mil habitantes (julio de 2009); lo que se traduce en un incremento del 3,9%, que se puede considerar importante pero no desmedido.

Presentar el valor absoluto del número de empleados o relativizarlo en función del número de los activos u ocupados, tal como ha sido la práctica habitual en algunos de estos estudios, hace que un aumento en la tasa de paro genere un incremento aparente de los empleados públicos por ocupado. De la misma forma que un aumento de la población originado por la entrada masiva de inmigrantes justifique en cierta medida el aumento de los empleados públicos en valor absoluto, pero no un crecimiento de los empleados públicos por habitante. Por estas razones, al analizar el empleo público, resulta más conveniente hacerlo en términos relativos por habitante.

Si nos ceñimos a los datos de Navarra, a pesar de las fluctuaciones habidas a lo largo de esta década, el empleo público por habitante en julio de 2009 es muy parecido al de julio del año 2000. Sin embargo, en seis meses -de enero a julio de 2009-, el número en Navarra a nivel de todas las administraciones (estatal, autonómica, local y docencia) aumentó un 12,34%, sumando 1.576 personas más. Los aumentos más significativos se han registrado en sanidad, con más de mil personas, en la Administración local (ayuntamientos) con alrededor de 300 empleados y en la docencia universitaria y no universitaria donde se han sumando otras 186 personas. De este modo, en seis meses, el empleo público en Navarra, pasa de 51,35 empleados por 1.000 habitantes (enero de 2009) a 53,85 (julio de 2009).

¿Serán éstos los sectores donde Navarra tenía mayor escasez de empleados públicos? Seguro que a primera vista muchos consideraríamos que es beneficioso, e incluso necesario, aumentar el personal que trabaja en las instituciones sanitarias. Pero, si miramos a nuestros vecinos vemos cómo Navarra encabeza ahora las comunidades autónomas en términos de empleados públicos en sanidad, con 14,52 empleados por mil habitantes, triplicando los valores de Cataluña, la comunidad con la menor tasa de personal sanitario por mil habitantes: 4,56. Las diferencias interregionales en el número de empleados públicos en los diferentes sectores y también las fluctuaciones a lo largo de la última década, demuestran que no parece haber un criterio para determinar el número idóneo de empleados públicos en cada Administración y/o comunidad autónoma. Por ello es importante que se analice también si el aumento del número de empleados públicos se ha traducido en la mejora de los servicios públicos o simplemente sirve para engrosar las filas de los empleados públicos.

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