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Lejos quedan aquellos días en que diariamente se exigía la dimisión de la entonces consejera de Salud, Marta Vera. Aquellos días en los que un pelo en la sopa se convertía en una peluca o un panecillo sospechosamente chamuscado en un escándalo inusitado. Contrasta todo ello con la situación actual, en la que todos los profesionales sanitarios guardan un llamativo silencio sobre la situación de la sanidad foral, las listas de espera o la dificultad para contactar telefónicamente con un centro de salud. O a lo mejor es que los profesionales sanitarios siempre han estado callados y a lo suyo y los que metían ruido eran otros, con o sin bata blanca de atrezzo. Sea como sea aquello que era un asunto menor produjo un ruido político-mediático nivel 9, frente al nivel 1 de la actualidad con una situación que, sin embargo, objetivamente es mucho más peligrosa e inquietante. Salvo que a alguien le importe más el color de una tortilla que el tiempo de espera para ser atendido por el médico.

 

 

 

Hace tan sólo unos días nos hacíamos eco de las escandalosas magnitudes de la degradación del sistema sanitario foral, que nos han llevado a estar, quién nos ha visto y quién nos ve, a la cola de España en cuanto a las listas de espera. Diario de Navarra publica hoy algunos datos que todavía empeoran más la situación. Si en junio teníamos a más de 47.000 personas en lista de espera para primera consulta con el especialista, en octubre la lista de personas en lista de espera supera ya las 61.000. UPN dejó el poder en 2015 con 45.000 personas en lista de espera. Las cifras, dijeron las malas lenguas que con una cierta capa de maquillaje, descendieron algo y con alguna polémica con el cuatripartito. La situación actual con el pentapartito es atroz. Joseba Santamaría calla y Oroz no hace ninguna viñeta al respecto, pero es atroz.

 

Por supuesto esta situación es una auténtica invitación a los navarros para que contraten un seguro sanitario privado. Ni Matías Prats puede hacer más por la sanidad privada que Chivite e Induráin. Tras dos gobiernos de cambio, si medimos a la izquierda no por la grandilocuencia de sus discursos, sino por los resultados, en realidad parece bastante evidente que con la izquierda en el poder cada vez a más gente le gustaría poder tener un seguro sanitario privado o poder llevar a sus hijos a un colegio concertado. De algún modo hasta la izquierda lo reconoce y hace todo lo posible para que lo público se mantenga a base de que la gente no pueda elegir libremente entre lo público y lo privado.

 

Lo cierto es que estimular, aunque sea sin querer, la contratación de seguros sanitarios privados, por la mala gestión de lo público, puede tener unos efectos tan beneficiosos como curiosos. Por un lado, cuantos más navarros acudan a la sanidad privada más se desahoga el sector público. Por otra parte, según fuera creciendo y creciendo el número de seguros privados, podría demostrarse por la vía de los hechos de que la sanidad pública no es siquiera necesaria, en todo caso podría quedar como una opción residual para las personas con menos recursos, que además podrían gozar de alternativas como un cheque sanitario en vez de un servicio público de salud. Otro tanto podría decirse de la Educación. El caso es que siempre se piensa que la privatización de la sanidad o la educación tendría que venir de la mano de un partido ultraliberal, cuando puede que también pudiera llegar por la torpeza de de una coalición de partidos ultraestatalistas. Desde luego si hacen falta unos malos gestores izquierdistas para acabar con la sanidad pública nosotros aquí en Navarra tenemos a lo mejor de lo peor.

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