Diario de Navarra, 28 de septiembre de 2003
Entrevista con José Miguel Echarri
Navarra es una región rica en relación a otras Comunidades españolas, pero ¿podrá mantener ese nivel en el futuro? ¿Será lo suficientemente competitiva dentro de veinte años? Estas son algunas de las preguntas que intenta responder la llamada prospectiva, para que la sociedad no se limite a adaptarse a los cambios futuros, sino que intente adelantarse a ellos.
El olitense José Miguel Echarri, director del Instituto de Prospectiva Estratégica, expuso estas ideas en el seminario que esta semana ha organizado la Institución Futuro.

– Para que Navarra mire tranquila hacia su futuro, ¿qué problemas debe solucionar?

– Para dar una respuesta precisa a esa pregunta habría que realizar un estudio a fondo multidisciplinar y en el que participe mucha gente, yo no soy un gurú. Pero, en principio y sin que sean los definitivos, podría avanzar algunos, como una demografía insuficiente. Hasta ahora nos ha servido la que tenemos, pero si las cosas cambian, no será así.

– ¿Por qué?

– No sólo porque no aumenta la población, sino porque la tendencia al envejecimiento puede afectar a la cualificación de las personas. Hablar de la sociedad de la información a una sociedad que está envejeciendo… Va a ser muy difícil convencer a los mayores de 50 años que se enrolen en esa sociedad que exige determinados esquemas mentales. Siempre hay excepciones, pero que se generalice, lo veo difícil.

“Palmera sin oasis”

– Otro problema que destaca es el desequilibrio territorial.

– En general, Navarra es una Comunidad bastante equilibrada y ha superado a otras en lo referente a infraestructuras y servicios públicos. Pero en estos momentos veo que la articulación territorial de Navarra se ha quedado un tanto obsoleta, que corresponde a una palmera sin oasis. Esa palmera se dibuja en el mapa de Navarra y corresponde a Pamplona y su comarca, con una mayor densidad en actividad económica, zona que se extiende hacia el noroeste, hacia Alsasua. Luego está el tronco, que es muy estrecho y que va por Tafalla y Olite. Las raíces estarían en paralelo al Valle del Ebro, lindando con La Rioja, donde está la industria agroalimentaria.

– Y el desequilibrio estaría fuera de esa “palmera”.

– Serían cuatro bolsas: una hacia la zona de Estella y Viana; la segunda, entre Alsasua y su zona norte; otra, muy grande y la más complicada, sería la montaña, lindado con los Pirineos; y la cuarta, desde la A-15 hasta el este y sureste. Son zonas con una baja densidad de actividad económica y una tendencia a la despoblación.

– ¿Hay otros problemas que usted destacaría?

– El relacionado con el sector productivo, que hasta ahora ha ido muy bien, pero que ha tenido una relativa concentración, y por tanto, dependencia, en tres grandes sectores: la automoción, el sector agroalimentario y la construcción. A eso habría que añadir que el sector agrario tiene una altísima dependencia de la famosa PAC, la Política Agraria Común, por lo que es un sector altísimamente subvencionado.

– En Navarra, muchas voces insisten en esa necesidad de potenciar otros sectores.

– Son varios los factores que hay que afrontar, como introducir más tasas de tecnología, porque aquí, salvo excepciones, se maneja normalmente tecnología media-baja, no alta; e impulsar las actividades de valor añadido, las de servicios a empresas, sobre todo. Hay mucho camino por andar. Pero, además de los citados, hay otros dos problemas a mi juicio.

– ¿Cuáles serían?

– Uno, lo relacionado con los valores en los que la sociedad está imbricada. Son los que se corresponden con que los navarros llamamos “nuestra identidad”, a lo que damos mucha importancia, y está bien, pero eso nos conduce a una cierta complacencia, lo que es un factor de riesgo. Nuestra identidad es importante, pero, cuidado, no somos exclusivos, el mundo es muy grande y en otras latitudes del mundo algunos se mueven más y mejor. Hay que estar abiertos para mantener las cotas que tenemos y, más aún, si queremos mejorarlas. Y por último, citaría el marco geopolítico-institucional. Es decir, las instituciones que nos gobiernan y las representativas de la sociedad civil. A todas ellas les corresponde el rol de estimular a la sociedad para buscar el camino que vamos a elegir. Hay que cambiar el “Navarra va bien” por “Navarra p’alante”, como dice la jota.

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