Diario de Navarra, 27 de mayo de 2015
Belén Goñi, directora general de Institución Futuro

Profesionalmente me dedico a la innovación y, por lo tanto, convivo con el cambio a diario y lo promuevo en empresas e instituciones. Suelo comenzar cada charla y cada nuevo trabajo parafraseando a la Fundación COTEC, que define la innovación como aquel cambio basado en el conocimiento que genera valor. Por ello, ante el inminente cambio en el Gobierno y en muchos ayuntamientos la pregunta que me hago es: ¿va a generar valor?

Porque lo cierto es que gobierne quien gobierne, su obligación es generar valor para Navarra y los navarros. Su obligación no es cambiarlo todo. El cambio por el cambio no aporta nada. Y ese valor que debe aportar se traduce en mejor educación, mejor sanidad, un entorno para hacer negocios que facilite el crecimiento y la competitividad de nuestras empresas, una buena red de seguridad para quien lo necesite… y eso no se consigue cambiándolo todo, sino modificando aquello que necesita ser cambiado.

Hemos vivido una crisis profunda de la que no hemos salido todavía. Las promesas electorales de crear empleo están bien, pero quienes crean empleo son las empresas y, para ello, la tarea del Gobierno es asegurar un entorno para hacer negocios que impulse y promueva la actividad económica de todo tipo. Y a estas alturas del partido, todos sabemos que donde no hay estabilidad y seguridad jurídica la actividad económica se resiente. Quizá por eso los candidatos de EH Bildu hayan estado llamando y visitando empresas antes de las elecciones con un mensaje “tranquilizador”. En definitiva, necesitamos un ecosistema de equilibrio y operativo, que permita pensar en progresar ordenadamente ya que cuando las empresas progresan sus trabajadores progresan y su entorno progresa aportando al territorio en el que se asienta la actividad económica necesaria.

Por otro lado, las cosas las hacen las personas y la neurociencia ha demostrado que en situaciones de incertidumbre, llega más riego sanguíneo a la parte más primitiva del cerebro cuyas respuestas son básicas, lo que explica una mayor parálisis y sequía de ideas en situaciones de intranquilidad.

Quien ocupe el Gobierno tendrá que dar tranquilidad no solo al entorno económico, sino a las personas que trabajan en la Administración para que puedan dar lo mejor de sí mismas. Y para ello tendrán que esforzarse en mantener y promover todo lo bueno que se ha hecho estos años. Que no vuelva a ocurrir como en la pasada legislatura, en que se paralizaron obras de mucho tiempo como el impulso a la I+D+i que inició Ramón Bultó con el primer plan tecnológico, o la participación de la Administración en proyectos europeos de envergadura que traían ideas y conocimiento a Navarra. Sería también sensato contar con las personas que han demostrado ser valiosas y competentes en estos años.

El cambio, remover las cosas para mejorar, es bueno pero asegurémonos de que es para mejor antes de mover nada. Ya he visto demasiadas veces la ruptura con lo antiguo antes de tener definido el sistema sustituto porque no gusta lo anterior: un desastre. Si no, que se lo digan al decreto sobre formación que de facto ha logrado paralizar gran parte de la formación en España. No nos obsesionemos con el mantra del cambio, sino con el de la mejora, que es el que nos interesa a todos.

 

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