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Una vacunación masiva salvaría la temporada de verano, pero no parece que vaya a ocurrir. ¿Por qué no se gestiona este tema con la prioridad que merece?

En todo este proceso de pandemia que llevamos viviendo desde hace más de un año, ha primado el lenguaje bélico y los símiles con guerras pasadas. Los médicos, sanitarios y otros servicios esenciales estaban en primera línea de fuego; al resto de ciudadanos no se nos permitía que saliéramos a luchar -como hicieron nuestros padres y abuelos- sino que nos mantuviéramos en las trincheras, y los documentos que nos autorizaban a salir por trabajo y otros motivos, eran salvoconductos.


Siguiendo con este lenguaje, en diciembre pasado se comenzó a distribuir, después de un proceso titánico de investigación, fabricación y comercialización, la ansiada vacuna contra la covid-19. El arma definitiva contra el virus. El salvavidas, literalmente, para muchísimas personas. Si estuviéramos en guerra, diríamos que por fin nos llegaban los artefactos para ganar la contienda.


Por eso no se entiende el ritmo de vacunación que se está llevando en España, con sangrantes diferencias entre comunidades autónomas. Un ritmo lento, solo en algunos casos justificados por la falta de vacunas. Los últimos datos disponibles indican que en nuestro país se han administrado el 83,4% de las vacunas recibidas (88,3% en Navarra). En total, el 4,5% de la población ha recibido la pauta completa de la vacuna contra el covid en España (4,7% en Navarra). Datos que contrastan con el 60% de Israel, el 41% de Reino Unido o más del 30% de Chile.


¿Cómo se justifica que no se esté vacunando de manera constante, sin importar días festivos, para conseguir la inmunidad cuanto antes? Sin olvidar que, en la medida en que el tema sanitario esté controlado, el económico podrá recuperarse. La Semana Santa parece estar ya prácticamente perdida; si hay algo que rascar, será por los turistas extranjeros que sí están autorizados a viajar a nuestro país, mientras los locales no podemos cambiar de autonomía. ¡Que nos lo expliquen!


La vacunación tienen tantas implicaciones, sanitarias y económicas, que la gestión de la misma debería ser un ejemplo de buen hacer en todos los niveles.


La semana pasada tuvimos otro caso difícil de entender. Se suspendió durante quince días la administración de la vacuna AstraZeneca por considerar que podía tener algún efecto secundario grave, como la generación de trombos. Sin embargo, la Agencia Europea del Medicamento dijo y corroboró tras analizarla en 24 horas que es segura, lo mismo que la Organización Mundial de la Salud.


La decisión de paralizar la vacunación se tomó en contra de la opinión de dichos organismos y, para más desajuste, en vez de retomar automáticamente el proceso, como lo han hecho otros países que también suspendieron su uso, en Navarra se ha tardado seis días más en reanudar el proceso de vacunación. ¿Pero a qué se debe ese retraso? ¿Acaso este tema no debería ser prioritario? ¿Alguien ha calculado la repercusión que supone la paralización de la vacunación durante estos días?


Ejemplo contrario es el de México, que viendo la decisión que tomaban algunos países europeos de paralización de la vacunación con AstraZeneca, lo han aprovechado y han acelerado el uso de la misma, para conseguir cuanto antes la vacunación completa de su población. Tal vez si hubieran dado la oportunidad a vacunar a españoles voluntarios hubiéramos mantenido el ritmo que llevábamos, habría más españoles inmunizados y no se hubiera deteriorado la confianza de muchas personas en la vacuna de AstraZeneca, totalmente injustificada.


En vez de denostar sin motivo alguno la vacuna inglesa podríamos aprender de países como Hungría, que han autorizado dos vacunas más, la china Cancino y la india CovShield, o Alemania, que ya está comprando la rusa Sputnik. En Canadá se está administrando la mencionada vacuna india, fabricada allí por una transferencia tecnológica de AstraZeneca.


Nos jugamos demasiado, vidas humanas y el bienestar de muchísimas familias cuyo salario depende del turismo y de otros sectores ahora mismo muy tocados. Una vacunación masiva salvaría la temporada de verano, pero no parece que vaya ocurrir. ¿Por qué no se está gestionando este tema con la prioridad que merece? Hemos tenido un año para prepararnos, y lo más difícil ya se ha hecho. Ya tenemos las armas y sabemos cómo utilizarlas. ¿A qué esperamos?


José María Aracama Yoldi Presidente del think tank Institución Futuro

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