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El último boletín de Institución Futuro toma los datos referidos a Navarra de la EPA del primer trimestre y lleva a cabo el interesante desglose de cuál es la actividad y el modo de vida de los navarros. Una forma de ver el asunto es contestar a la pregunta: ¿de qué se vive en Navarra? Un enfoque alternativo y complementario podría ser: ¿quién lo paga todo?

El siguiente árbol gráfico muestra que, para empezar, el 17% de los navarros son menores. Del otro 83%, a su vez, el 35% son personas “inactivas”: jubilados, estudiantes, amas de casa, incapacitados o no jubilados que no obstante reciben algún tipo de pensión. Es decir, sólo queda un 48% de navarros activos de los que, a su vez, el 4% (respecto a la población total) está en paro. Del 44% de navarros ocupados que trabaja, el 8% lo hace en el sector público. Total: el 36% de los navarros es el que sostiene todo el conjunto del edificio.

Alguien podría objetar que no es cierto que sólo el 36% de los navarros lo mantenga todo, que también los empleados públicos trabajan y ayudan a financiar la estructura. Sin embargo, el hecho es que hay una diferencia evidente entre los asalariados públicos y el resto: los salarios de los empleados públicos vienen de los presupuestos. Si sus sueldos vienen del presupuesto no se puede decir que sus sueldos financian el presupuesto. Es decir, al final no pertenecen al grupo de los que financian sino al de los que son financiados. Este grupo que financia a los demas, al final, sobre el conjunto de la población sólo es el 36% de los navarros.

Seguramente a nadie se le escapa que si de cada 3 navarros hay 1 que sostiene y 2 que son sostenidos, el esfuerzo que recae sobre el 1 que sostiene resulta abrumador. Como para pensar que aún pueda pedírsele grandes esfuerzos a este tercio de los navarros que sostienen a los otros dos tercios con su esfuerzo.

Es por ello importante que seamos conscientes tanto de la fragilidad del sistema, puesto que tanto depende del esfuerzo de tan pocos, como de las formas en que la carga puede aumentar peligrosamente para el tercio encargado de sostenerla. La carga aumenta, por ejemplo, aumentando el gasto público, subiendo el sueldo a los empleados públicos o aumentando las pensiones. El esfuerzo también aumenta si crece el número de parados y decrece el de ocupados.

El desglose resulta muy ilustrativo porque en un momento tan problemático como el que estamos proliferan las opiniones y los pronósticos, pero a veces da la impresión de que esas opiniones y pronósticos parten de desconocer la delicada estructura sobre la que se apoya todo.

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