Diario de Navarra, 1 de marzo de 2009
Artículo de Ana Yerro, responsable de Comunicación de Institución Futuro
Los Expedientes de Regulación de Empleo (ERES) son noticia frecuente en Navarra desde hace varios meses. El de la empresa Koxka, quizá el más aireado en los medios de comunicación, resulta representativo de la situación similar de otras muchas empresas que, debido a la actual recesión económica, se ven obligadas a reducir sus plantillas.
Muchas de estas compañías no han tenido una mala gestión, ni han bajado la calidad de sus productos. Simplemente, la coyuntura ha provocado una reducción del volumen de negocio y, por tanto, del número de empleados necesarios por ahora. La tasa de desempleo en la Comunidad Foral se cifra en la actualidad en el 8,12 por ciento, casi el doble que el año anterior, y no parece que haya perspectivas de que se vaya a frenar la destrucción de empleo ni que, en general, la economía vaya a tener una pronta recuperación. El pasado mes de enero Navarra fue la segunda región en la que más subió el paro, que afecta ya a más de 36.000 navarros.

Así las cosas, el Gabinete de Estudios de CCOO y la Fundación Navarra para la Diversificación han presentado la encuesta titulada "Innovación en las empresas", elaborada en septiembre y octubre de 2008. Dicho documento aporta datos reveladores que, a priori, pueden parecer incongruentes con la actual situación económica. El más llamativo indica que el 55 por ciento de empresas, de un total de 56 encuestadas, tiene dificultades a la hora de contratar personal cualificado.

Seguro que muchos consideran paradójico que, por un lado, se esté despidiendo a trabajadores y que, por otro, no se encuentre a personal idóneo para determinados puestos. El hecho no hace sino subrayar lo que determinados expertos venían denunciando desde hace mucho tiempo: el desajuste entre la oferta de trabajadores y la demanda, por parte de las empresas, de empleados con una formación específica. Este desajuste se traduce, además, en una dificultad añadida para la innovación en las empresas.

El porcentaje de licenciados universitarios en España supera al de la media de la Unión Europea, pero el dato no resulta en sí mismo positivo. De hecho, el exceso de licenciados provoca con frecuencia una sobrecualificación o, lo que es lo mismo, que personas con una formación superior acaben desempeñando funciones por debajo de sus posibilidades. En cambio, la escasez de mano de obra con un nivel de instrucción medio (equivalente al de Formación Profesional) está lastrando la competitividad de muchos sectores, que ven cómo, dentro de su cadena productiva, la formación constituye un eslabón que no acaba de encajar.

El debate sobre la formación no es nuevo. Numerosos estudios vinculan la mayor formación de los empleados con una mayor productividad, un mejor rendimiento y, en general, un mejor funcionamiento de las empresas. En sectores muy concretos, la formación que más se demanda es la Formación Profesional y, sin embargo, la oferta educativa no parece ser suficientemente permeable a la demanda de las empresas. Como leíamos hace unos días en "Diario de Navarra", el número de estudiantes navarros de FP crece un pequeño porcentaje al año, y en este curso hay 6.369 alumnos de Grado Medio y Superior. Se advertía, sin embargo, que las titulaciones con más salidas laborales no son siempre las más solicitadas por los alumnos. A la realidad descrita se añade el escaso prestigio del que todavía goza la Formación Profesional, que, dato incuestionable, es el que menor tasa de desempleo ofrece a sus titulados.

La Formación Continua también conforma un área en la que las empresas aún tienen mucho que mejorar. De media, cada trabajador español recibe 20 horas de formación anuales, mientras que, por ejemplo, en Alemania la media se eleva a 50 horas año; y las mejores empresas dedican 80 horas por empleado a la formación continua. Pero hasta que los directivos no crean de verdad en sus ventajas para el conjunto de sus empresas, en Navarra y también en España la productividad de las empresas se verá lastrada de modo considerable.

Precisamente, por encontrarnos en una coyuntura económica tan negativa, es necesario que tanto los empresarios como la Administración consensuen unos planes educativos acordes con las necesidades actuales y tan flexibles que sean capaces de cubrir las necesidades concretas de las empresas. El IV Plan de Empleo, aprobado el pasado 9 de febrero, parece primar esta orientación: apuesta por programas mixtos de formación y empleo y potencia los planes de formación sectoriales. De no seguir esa senda ya abierta, continuaremos recibiendo, incluso después de que pase este periodo de recesión económica, noticias nefastas de desajustes entre la oferta y la demanda laboral.

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