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Las situaciones de estrés de los últimos meses han evidenciado retos y oportunidades de mejora; deberíamos cambiar lo que no está funcionando

Nunca te fíes de la apariencia, sino de la evidencia. No existe mejor norma”. Esta cita, atribuida a Charles Dickens hace más de 100 años, está muy vigente en estos días. ¿Por qué? Porque nunca ha habido un mejor momento para implantar la toma de decisiones basadas en datos utilizando indicadores y evidencias, y alinearlos con planes y políticas públicas. Usar datos para tomar decisiones e indicadores para el seguimiento de las políticas es un propósito que no acostumbra tener objeciones. Sin embargo, la reciente gestión y coordinación de los datos en el marco de la pandemia está reflejando notables carencias en nuestros sistemas.

Las situaciones de estrés de los últimos meses han evidenciado retos y oportunidades de mejora y, lejos de la crítica, deberíamos reformular el enfoque y pensar en oportunidad de cambiar lo que no está funcionando.

En la gestión de datos de la pandemia, fallecidos y contagiados son dos indicadores clave y siguen suscitando mucha controversia. Después de ocho meses de covid-19 en España los fallecidos, registrados por el Ministerio de Sanidad y Comunidades Autónomas, tardaban en consolidarse más de una semana. Además, nuestro país no notificaba al Centro Europeo para el Control y la Prevención de Enfermedades (ECDC) datos durante el fin de semana. Tampoco hay datos diarios desagregados por edad, ni consenso total en la tasa de contagio, la tasa de letalidad, ni cuándo o cómo realizar test PCR o test de antígenos.

Evidenciar los fallos de un sistema puede ser largo y arduo pero la pandemia ha agilizado muchos procesos, en gran medida por la digitalización, y ha propiciado el diagnóstico: los indicadores actuales tienen carencias y son susceptibles de interpretación. Un ejemplo se viene produciendo desde hace semanas con los cierres perimetrales y el cruce de cifras e interpretaciones entre instituciones locales, autonómicas y estatales.

The Lancet, la prestigiosa revista médica internacional se volvía a hacer eco de la llamada de atención de científicos españoles. Antes del verano urgían al Gobierno de España a realizar una auditoría de la gestión de la pandemia. Hace un mes expertos pedían que las cifras en España fueran publicadas diariamente y con más detalle, ya que las actuales “son insuficientes para comprender la dinámica del covid-19 y tomar medidas”.

En la misma línea la AIReF reclamaba desarrollar una estrategia nacional para la recopilación, cruce y puesta a disposición de los datos a investigadores y Comunidades Autónomas para “permitir una evaluación más rigurosa de las políticas públicas para así mejorar su diseño, efectividad y eficiencia”. Salvo contadas excepciones, la entidad denuncia, la administración tiene sistemas dispersos y desconectados y éstos únicamente se utilizan para la gestión “del día a día”. También realizaba una propuesta con similar propósito el Centro de Políticas Económicas de Esade (EsadeEcPol).

Navarra ya ha dado pasos en esta dirección: presentaba en octubre la Estrategia Digital Navarra 2030. Un plan muy ambicioso, a largo plazo y global, en el que la toma de decisiones basadas en datos, junto a la conectividad total -respaldada por el II Plan de Banda Ancha- y la capacitación digital son los tres elementos básicos para implementar la transformación de la Comunidad Foral.

Los indicadores estándares -de gestión y de coyuntura- no son suficientes para describir una realidad compleja y tomar decisiones ágiles. La colaboración público-privada, la transparencia y acceso de datos a los ciudadanos y la comunidad científica, o la compatibilidad y normalización de sistemas, regiones y países (porque los virus, y muchos otros fenómenos, no se frenan en las fronteras) deberían ser aspectos a tener en cuenta en este nuevo planteamiento de los datos. Y no limitarse exclusivamente al contexto covid porque los datos para la toma de las decisiones inundan todos los sectores y sistemas.

Mapas de calor para cuantificar el riesgo en zonas geográficas, barrios o incluyo edificios, confinamientos por sectores, empresas o grupos de edad, cruce datos de empleo y fiscalidad para una mejor dotación de recursos a empresas y ciudadanos, modelos predictivos para optimización de recursos: personal, material sanitario o camas de UCI pueden ser una realidad en un futuro próximo gracias a una gestión avanzada de los datos y la tecnología.

Aún no sabemos cuándo podrá haber una vacunación en masa de la población. Las noticias de los buenos resultados de la vacuna de Pfizer resultan esperanzadoras, aunque la posibilidad de que pueda estar en el mercado antes de fin de año no está confirmada al cien por cien. Tenemos varios meses por delante para repensar cómo estamos haciendo las cosas y valorar qué datos necesitamos para la toma de decisiones. Lo más urgente es abordar el contexto sanitario pero inmediatamente deberíamos hacer permeable este planteamiento a otros segmentos. Esto nos permitirá enfrentarnos a los actuales y futuros rebrotes con mayores garantías de éxito y también avanzar hacia un verdadero futuro más digital.

Isabel Larrión Langarica
, Documentalista e Investigadora del think tank Institución Futuro

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