Diario de Navarra, 29 de agosto de 2009
José León Taberna, miembro del Comité Ejecutivo de Institución Futuro
Durante los últimos meses, varios expertos se han apresurado a borrar de sus mapas algunos de los principios, sobre todo el modelo de libre mercado, que a lo largo de muchas décadas han inspirado la economía de numerosos países occidentales.

En un momento de crisis como el actual, la tentación proteccionista es grande: ¿por qué se debería invertir dinero en empresas extranjeras cuando las nacionales están teniendo dificultades? Es más, ¿por qué no debería el Estado intervenir para sacar del atolladero a una economía nacional maltrecha? La vuelta de un sistema proteccionista y muy intervenido es toda una tentación en la que muchos ya están cayendo.

Sin embargo otros expertos, fieles a su ideología liberal, defienden sus tesis con argumentos hasta en las circunstancias más adversas. Hace unas semanas se presentó el informe Libertad Económica en el Mundo, elaborado por el Cato Institute y el Fraser Institute. Este peculiar índice demuestra que los países con altos niveles de libertad económica disfrutan de mayores cotas de prosperidad, libertades individuales y esperanza de vida. Por el contrario, los ciudadanos de los países encuadrados en la parte baja del índice, es decir, los menos libres, viven en la pobreza, están gobernados por regímenes totalitarios y tienen pocos derechos y libertades individuales.

Los autores del informe basan su hipótesis central de que a más libertad económica sobreviene un mayor crecimiento, en la teoría económica de Adam Smith. Así, la libertad económica es la clave para la creación de las condiciones que permiten el desarrollo del círculo virtuoso del espíritu empresarial, la innovación, el desarrollo y el crecimiento económico sostenido. O dicho de otro modo: las economías con más altos grados de libertad económica disfrutan de niveles de vida más elevados.

Las conclusiones arrojadas por el director de este proyecto, Ian Vásquez, fueron valientes, por producirse en un momento en el que nuestro Gobierno está abogando por la inversión pública para paliar la crisis. Según Vázquez, España está perdiendo libertad económica desde 2004: de hecho, nuestro país ha pasado en apenas cuatro años del puesto 21 al 32 del ranking. Esto se debe, según Vásquez, al peso de la regulación -a través del incremento del gasto público- y la rigidez del mercado laboral, que requiere urgentes reformas y avances. Por todo ello, nuestro futuro económico se está viendo seriamente comprometido.

Asimismo, existen numerosos estudios que argumentan las razones por las que la ecuación de a más gasto público, más crecimiento económico, no es tan simple como podría parecer. No deberíamos quedarnos con la falsa idea de que la inversión pública por sí misma puede resolver la crisis. Merecería la pena que nuestros líderes políticos, despojados de prejuicios ideológicos y aun de demagogia, tuvieran en cuenta este tipo de información a la hora de planificar los presupuestos públicos y que analizaran si en verdad más gasto público conlleva más calidad en los servicios. Esta premisa también debería aplicarse en Navarra, región en la que, debido a la crisis, se están poniendo en práctica políticas de subvenciones.

Con estas medidas puede aparecer el riesgo de que el conjunto del presupuesto sea deficitario, déficit que habrá que financiar con deuda y que, al final, tendremos que pagar los contribuyentes a través de nuestros impuestos. Lo que debemos plantearnos es que no se trata de aumentar o disminuir la inversión pública sin razón; lo que interesa es que ésta sea productiva y beneficie a la región y a sus ciudadanos en el largo plazo.

 

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