Expansión, 17 de noviembre de 2007
Julio Pomés, Director de Institución Futuro
“Como estoy en política activa pues estoy preocupado por lo que dice la gente que tiene responsabilidades. Los que carecen de responsabilidades, o se comportan irresponsablemente, lo mejor que pueden hacer es callarse”. No se puede entender que esta alocución la formule un miembro de un Ejecutivo supuestamente compuesto por demócratas. Esta intervención, en la que un ministro niega el derecho a la libertad de expresión a todos los ciudadanos que no están en política activa, hubiera supuesto su cese fulminante por parte del Presidente en cualquier democracia auténtica.
Sin embargo, aquí no pasará nada y Fernández Bermejo seguirá en su puesto. Lo que ha dicho es mucho más grave si se tiene en cuenta que su autor es el titular del Ministerio de Justicia. Esta declaración es de una prepotencia insufrible y resulta intolerable que la haya dicho el responsable de la defensa de los derechos de los ciudadanos.
Merecen ser recordadas algunas actuaciones del Sr. Fernández Bermejo en las que ha admitido o demostrado su sectarismo. Comenzaré con su pronunciamiento más fuerte, una declaración en la COPE, cuando era fiscal jefe del Tribunal Superior de Justicia de Madrid (TSJM): “soy de izquierdas y como tal actúo”. Es perverso que un juez desempeñe su función actuando con convicciones políticas, de izquierda o de derecha, en lugar de hacerlo con independencia. Esta afirmación no fue sólo un exceso verbal, sino que procedió en consecuencia. Aprovechándose de su cargo filtró una querella relacionada con el caso Tamayo-Sáez en la Asamblea de Madrid, a El País y la Cadena Ser, acción por la que fue expedientado.
Todas las promociones extraordinarias del ministro han sido fruto de sus méritos políticos y mediante nombramientos de libre designación sugeridos por Ferraz. Así, en premio al servilismo a su partido, el polémico Fiscal General del Estado, Conde Pumpido, lo nombró en 2004 fiscal jefe de lo contencioso-administrativo del Tribunal Supremo, a pesar de ser rechazado por el Consejo Fiscal por doce votos en contra y cuatro a favor (el de Conde Pumpido y los tres de la asociación de jueces a la que pertenece). Se le atribuyen treinta querellas contra dirigentes del Partido Popular durante su época de fiscal jefe del TSJM, ninguna de ellas ganada, de lo que se desprende que su objetivo era desgastar al Partido Popular. También tiene una reconocida fama por sus faltas de respeto a los oponentes políticos. Sin duda el Sr. Fernández Bermejo ha batido el record del avance en la politización de la justicia en los meses que lleva en el cargo.
Los asuntos en los que nuestro personaje está comportándose como un elefante en una cacharrería son cuantiosos. En primer lugar, está el distinto modo de considerar a los etarras y sus compinches legales antes y después del fin de la tregua y el atentado en la T-4 de Barajas (Otegui es el mejor ejemplo). A ese despropósito le siguen el favorecer la legalización de ANV antes de las elecciones y su apoyo al falso proceso de paz, que ahora parece haber olvidado. Lo razonable en un Estado de derecho es que la Justicia actúe siempre del mismo modo, al margen de lo que Zapatero esté tramando con ETA.
Otros frentes, que cada vez tiene más complicados, son: el estancamiento del Consejo General del poder Judicial, parón que conlleva tener pendientes los nombramientos de siete plazas de Tribunal Supremo, y la paralización del Tribunal Constitucional, maniobra cuyo objetivo principal es que no se resuelva, o se falle a favor, el recurso al Estatuto de Cataluña. También está la ocurrencia de que un recién licenciado con un buen expediente pueda ser rápidamente juez, para que a ese chico con buenas notas no se lo lleve algún buen bufete. Olvida que un juez no puede ejercer su función con el imprescindible conocimiento si no profundiza durante algunos años en algunas materias jurídicas, algo a lo que ayudan las oposiciones y que no se consigue con una simple licenciatura.
Creo que el comportamiento del Ministro de Justicia, al igual que el de una buena parte del Gobierno, es el mejor apoyo que puede tener el Partido Popular ante las próximas elecciones. Recuerdo lo que una vez me dijo un banquero sabio: “en España las elecciones no se ganan, sino que se pierden”. En nuestra nación lo que hace que cambie un gobierno son los grandes errores propios del que está en el poder y no un magnífico programa electoral de la oposición.
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