Diario de Navarra, 24 de mayo de 2006
Fernando San Miguel y Carlos Sotelo, investigadores de Institución Futuro
Las naciones desarrolladas ya no pueden competir en los mercados internacionales a través de los precios o la calidad de los productos. Su competitividad depende ahora de la innovación, de hacer cosas distintas. Ante este hecho, cabe preguntarse qué hacer para aumentar la innovación.
Una propuesta de interés es la de Xavier Sala i Martin, el prestigioso economista de la Universidad de Columbia, quien apuntó algunas sugerencias hace unos días en una conferencia en el II Foro de Economía Regional, celebrado en Logroño. Su mensaje principal fue que la innovación, más que una política, depende, entre otros aspectos, de la cultura de la sociedad. A su juicio, la innovación no llega porque la promueva el Gobierno, sino porque exista un espacio en el que las empresas compitan libremente y se esfuercen por hacer las cosas de modo diferente. A menudo se suele pensar que la novedad surge en los sectores de tecnología punta, pero lo cierto es que la mayor parte de las innovaciones son pequeñas mejoras que tienen éxito en el mercado. Por ello, lo fundamental es establecer un clima propicio para la innovación. Este entorno depende de varios pilares de la sociedad: la educación, el mercado laboral, el Estado y la empresa. Con respecto a la educación, el Profesor Sala considera necesario fomentar el espíritu crítico del alumnado. Por ejemplo, mientras en Estados Unidos el noventa por ciento de los estudiantes aspira a ser empresario, en España, la mayoría pretende emplearse como funcionario. Allí se incentiva la inquietud y el deseo de encontrar respuestas alternativas a los problemas. Las propias universidades son espacios competitivos donde se trabaja por atraer a los mejores profesores y estudiantes. Por el contrario, la educación superior europea, tal como se apunta en los últimos planes de reforma, no se basa en la competencia, sino en la homogeneidad.

Es necesario también un cambio de mentalidad con respecto al trabajo. En nuestro país carecemos de flexibilidad geográfica y sectorial. A los trabajadores les cuesta mucho trasladarse a otros lugares, lo que les impide detectar oportunidades de mejora o aprovechar su potencial. Asimismo, la gente no suele estar dispuesta a pasarse a otros sectores profesionales. Y lo peor es que, socialmente, la movilidad está mal vista. A esta carencia hay que añadir que se antepone el igualitarismo a ascender en el empleo en función de los méritos. Por otra parte, el menor acceso al mercado laboral de mujeres muy preparadas hace que no se aproveche todo el talento disponible.

En cuanto al Estado, Xavier Sala es partidario de reducir la excesiva burocracia que frena el desarrollo de nuevas ideas y disminuir el peso del sistema de bienestar, que anula la capacidad de los individuos para afrontar los riesgos. Por el contrario, reclama que los empresarios adquieran una mayor relevancia social y sirvan de modelo a otros ciudadanos. El empresariado tiene que hacerse visible, convertirse en el portavoz de la idea de que es necesario arriesgarse si queremos prosperar.

La innovación es un proceso muy complejo, que depende de más factores que la existencia de iniciativas y recursos públicos dedicados a la I+D+i.

Fernando San Miguel y Carlos Sotelo son investigadores de Institución Futuro

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