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La pandemia del COVID-19 ha dejado a su paso un reguero de pérdida de vidas humanas y una crisis económica sin precedentes. Ahora, tras el brote inicial, es el momento de pensar en medidas que, simultáneamente, garanticen la salud de la ciudadanía y revitalicen la economía de manera urgente. Pero además de las acciones más acuciantes, se plantea la oportunidad de poner en marcha reformas estructurales que permitan un incremento de la capacidad de crecimiento de la economía navarra para lograr, en el medio y largo plazo, una recuperación sostenida.

El punto de partida de nuestra economía en lo que a competitividad se refiere –previo a la crisis del coronavirus– resulta positivo si nos comparamos con el resto de regiones españolas: la Comunidad Foral ocupa el 4º puesto nacional. Pero no lo es tanto a nivel europeo, al ocupar la posición 165 de las 268 regiones estudiadas por la Comisión Europea y al llevar seis años perdiendo posiciones. En términos generales, nuestro tejido empresarial se caracteriza por el alto peso del sector industrial en el PIB, una elevada tasa de exportaciones y, al igual que en el resto de España, una gran abundancia de pymes y sobre todo micropymes.

Así las cosas, y con unas previsiones de caída del PIB en 2020 superiores al -7%; una previsión de descenso de la recaudación tributaria en 2020 por parte del Gobierno de Navarra de un 20% respecto a la originalmente presupuestado; una deuda pública superior al 15% del PIB a finales de 2019, lo que equivale a una deuda per cápita de más de 5.000 euros; y una impacto social de la caída del empleo difícilmente ponderable, la Comunidad Foral debe realizar una serie de reformas estructurales para que su política económica logre mejorar la competitividad regional y así garantizar un crecimiento económico sostenible.

Las reformas imprescindibles podrían resumirse en cinco. La primera, la fiscal, para lograr un sistema fiscal competitivo y equilibrado. Navarra necesita incrementar la recaudación sin crear nuevos impuestos ni subir los existentes, ya que un incremento de los mismos agravaría la ya delicada situación de muchas familias y empresas. Para lograrlo, habría que ensanchar las bases imponibles, reducir la presión fiscal sobre el factor trabajo y el ahorro, mejorar la educación y concienciación fiscal de los contribuyentes y luchar todavía más contra la economía sumergida y el fraude. Y confiar en que la mayor competitividad de la economía navarra resultará en un mayor crecimiento económico y éste propiciará una mayor recaudación fiscal, a pesar de que no haya una subida de tipos nominales.

La segunda reforma necesaria, la de la Administración pública, con el objetivo de aumentar su eficiencia y su eficacia. La Administración navarra debiera ser un modelo de excelencia, mejorando la calidad del gasto público y su uso y aprovechando al máximo los recursos que emplea. Para ello, hay que impulsar más la transparencia, la fijación de objetivos, la evaluación de desempeño y la rendición de cuentas como guías en la gobernanza pública. En concreto, se puede mejorar la gestión del empleo público o el desarrollo y eficiencia del uso de la tecnología –ya puesto en marcha durante la pandemia–, además de aspectos concretos como la mejora de la gestión de las políticas activas de empleo o la reforma de la Administración local. Y fomentar la colaboración público-privada.

La dotación de infraestructuras es un elemento esencial para el desarrollo económico a medio plazo, la creación de empleo y la generación de avances en competitividad, bienestar y cohesión territorial. De ahí la urgencia de que Navarra impulse este aspecto y logre cerrar su ciclo de infraestructuras públicas estructurantes, que se compone del Tren de Alta Velocidad, la segunda fase del Canal de Navarra, la conexión por Autovía con Madrid y el desdoblamiento de la N-121-A en 2+1 o 2+2.

Otra reforma crucial es la de la educación y formación, para enfocarlas a la empleabilidad futura: ahora más que nunca resulta imprescindible que las necesidades de las empresas se vean cubiertas por los perfiles profesionales disponibles. Para lograrlo, el refuerzo de la Formación Profesional dual, la reducción de la tasa de abandono escolar temprano o el impulso de la educación y formación en transformación digital, resultan imprescindibles.

Finalmente, la quinta reforma que, desde mi punto vista se requiere, es el necesario impuso y fomento del dinamismo empresarial, dado que las empresas son el pilar central de la recuperación del crecimiento económico, y solo con empresas dinámicas, innovadoras e inversoras se asegurará la creación de nuevos puestos de trabajo. Para ello se requiere que las compañías aumenten de tamaño. Esta demostrado que las empresas medianas son más competitivas, por su mayor productividad, que su empleo es más estable, que innovan más, que están mejor gestionadas y están más internacionalizadas. También será necesario apoyar los planes sectoriales específicos para fortalecer los sectores estratégicos de la economía navarra, sin olvidar el fomento del emprendimiento, bastante más débil en Navarra que en el resto de España, y el necesario desarrollo de ecosistemas de start ups.

Estas reformas deberían apoyarse sobre tres palancas transversales, que a su vez puedan beneficiarse de la financiación europea que va a estar disponible en los próximos años. En concreto, la transformación digital, la innovación, ciencia y tecnología y la transformación energética y el medio ambiente, que pienso van a resultar clave para poder llevar a cabo y financiar las cinco reformas apuntadas.

Navarra cuenta desde hace años con una Estrategia de Especialización Inteligente (S3), por lo que parece razonable que ésta sea la herramienta sobre la que se sustenten los principales planes de reforma y se optimice el uso de las palancas de cambio mencionadas. La S3 dispone de buenos gestores, de una gobernanza público-privada y con indicadores claros y transparentes. Debería contar, adicionalmente, con una oficina de redacción de proyectos europeos: va a ser crucial contar con los fondos para financiar las grandes reformas, y para lograrlos, habrá que presentar proyectos competitivos y bien soportados técnicamente.

Hay que hacer de la necesidad virtud. Todos los partidos políticos, los agentes sociales y todos los navarros deberíamos apoyar, sin fisuras, el programa de reformas. Vamos a vivir tiempos difíciles que exigirán el máximo consenso social: solo así se podrán llevar a buen puerto las reformas necesarias y asegurar un crecimiento económico que permita sostener el bienestar del que actualmente disfrutamos.

Miguel Canalejo Larrainzar. Vicepresidente del think tank Institución Futuro.

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