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Institución Futuro se ha dado prisa para incorporar eficazmente en su último boletín semanal los recién publicados datos de la EPA. El resultado de su análisis arroja importantes claroscuros sobre la evolución de la economía y el mercado laboral en Navarra.

 

El empleo privado, como se muestra en la gráfica, es el que más sufrió el impacto de la COVID-19 y aún no ha recuperado en la Comunidad Foral los niveles previos a la pandemia. Por el contrario, el empleo público ha aumentado considerablemente en este tercer trimestre del año. Es decir, que el incremento global del número de ocupados en Navarra se debe al aumento de empleados del sector público, no del privado. A nuestro juicio el dato no es inocente por dos motivos. Primero porque el empleo público crece a base de deuda pública y decretos, y el empleo privado, que es el que crece por la actividad real de la economía, resulta que es el que no crece, lo que es un mal síntoma. Segundo porque para poder sostener el sector público tiene que existir una fortaleza del sector privado que, aparte de no apreciarse demasiado, lo que sí se aprecia es que cada vez es mayor el peso del sector público sobre los hombros y las nóminas de cada trabajador privado.

 

 

Los datos de la EPA sobre el desempleo, como indica Institución Futuro, tampoco son del todo alentadores para Navarra. Nuestra tasa de paro es la séptima más baja de todas las comunidades españolas, pero es que cuando UPN abandonó el gobierno en 2015 dejó la comunidad con la tasa de paro más baja de España. Es decir, con UPN cuando había crisis nos iba menos mal que a los demás. Ahora con el gobierno de progreso hemos perdido 6 puestos.

 

 

Otro hecho preocupante que se evidencia en esta segunda gráfica es que Navarra tiene una tasa de paro mayor y con más parados que el tercer trimestre del año pasado. A lo largo de este último año, pese a la recuperación, ha empeorado la situación del empleo, y la comparación todavía es peor si comparamos este último trimestre con el tercer trimestre de 2019, antes de la pandemia.

 

A todo esto podríamos añadir los 1.844 trabajadores en ERTE que seguía habiendo en Navarra al acabar septiembre, los cuales permanecen en un limbo laboral en el que no computan como parados pero sí como ocupados, añadiendo una cierta dosis de maquillaje a la estadística laboral. Si consideramos los ocupados en ERTE y los ocupados del sector público a cuenta del déficit y la deuda, más las cifras de parados y la tasa de desempleo, lo que nos encontramos es una recuperación insuficiente y un deterioro real y preocupante de todas las estadísticas laborales.

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