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DIARIO DE NAVARRA
 
Hacer un balance de la economía de Navarra significa analizar los factores que influyen en el crecimiento económico a corto plazo y describir las dimensiones fundamentales que soportan la mejora de la posición de la economía en el largo plazo. Supone reflexionar sobre cómo los diversos recursos productivos influyen en la evolución del PIB y condicionan su capacidad de crecimiento potencial.
 

Después de una durísima crisis económica, en la que el PIB de Navarra llegó a caer un 2,5% en 2009, un 1,65% en 2012 y un 1,3% en 2013, el panorama actual tiene un perfil mucho más favorable. La recuperación se inició en 2014 y en tres años mantuvo un crecimiento medio del 3%.

La economía navarra muestra en este primer trimestre, un fuerte dinamismo superior al de la española. Presenta una tendencia positiva respecto al 2017, cuando el ritmo de crecimiento del PIB tenía el tono moderado de la actividad industrial que se encontraba lastrada por la caída de las exportaciones de automóviles. La buena situación del 2018/ T1.2019 se explica porque Navarra registra un notable ascenso de las exportaciones que han tirado de la producción industrial. Los servicios por el contrario, han perdido pulso. En cuanto a la construcción, el débil impulso de la obra residencial se ha visto contrarrestado por una mayor inversión en obra pública.

El crecimiento del empleo ha resultado más moderado que el del PIB en Navarra. El número de afiliados a la seguridad social crece un 2,8% (noviembre 2018) hasta sumar 283.544 ocupados y supone 7.720 empleos nuevos. Siendo un panorama positivo, hay que reconocer que la economía navarra no ha alcanzado todavía el nivel de empleo anterior a la crisis. En 2008, el número de ocupados fue de 297.400.

E Gobierno foral estima que el PIB navarro ha crecido del 3,2 % en 2018 y crecerá, menos, un 2,7%, este año. Las expectativas señalan una disminución del paro hasta el 8,5 %. Por tanto, se reconoce una trayectoria de recuperación intensa desde 2014. Sin embargo, la mejora del empleo manifiesta debilidades asociadas al elevado aumento de la temporalidad y los contratos a tiempo parcial.

Desde la perspectiva del sector público, la recuperación económica, las subidas de impuestos desde 2015 y la negociación del nuevo Convenio Económico han contribuido a una mejora sustancial de los ingresos de la Hacienda foral esta legislatura, que ha facilitado la financiación del gasto público; éste ha pasado de 3.458 millones en 2015 hasta los 4.010 este año. El déficit se ha contenido. Pero las consecuencias de la crisis han pasado factura y la deuda se ha elevado de 645 millones en 2007 (un 3,6% del PIB) a 3.441 millones (un 16,8% del PIB) en 2018. Un aumento muy importante que cuestiona la sostenibilidad de la oferta y calidad de los bienes públicos que se ofrecen.

Evaluando los riesgos, las sombras de las tentaciones proteccionistas, las incógnitas del Brexit, la incertidumbre sobre los precios del petróleo y las amenazas de subidas de tipos de interés, representan peligros que pueden distorsionar los escenarios previstos para las exportaciones.

La reflexión sobre los robustez del crecimiento económico asociado a la mejora del PIB y su potencial requiere debatir también sobre sus fundamentos y plantea algunos interrogantes notables. Una economía avanzada como la navarra, se enfrenta al reto de superar la etapa de eficiencia, adquisición de tecnologías desarrolladas por otros y control de costes y exige identificar un escenario donde la ventaja competitiva esté más centrada en la innovación. Y esta diferente posición requiere de nuevos recursos y competencias así como de nuevas instituciones.

Los informes del European Innovation Scoreboard, EIS (2017), el informe de Competitividad Gobal, ICG (2018) y el informe de la Competitividad Regional en España, ICRE ( 2018) ofrecen un panorama preocupante sobre la evolución de la economía española y navarra. Navarra ocupa en el EIS, el puesto 120 de las 220 regiones europeas estudiadas, cuando en 2009 estaba en la posición 105. La dinámica no es buena . Estamos perdiendo posiciones y ello pone de manifiesto que el esfuerzo de innovación que se hace es insuficiente. El citado informe ordena a las regiones en cuatro niveles: líderes en innovación, fuertemente innovadoras, moderadamente innovadoras, o débiles. Navarra se clasifica entre las moderadamente innovadoras , no estamos ni en el grupo de cabeza ni en el siguiente.

El ICRE reconoce que Navarra ocupa una posición elevada después de Madrid y País Vasco, pero también señala que la mejora ha sido inferior al promedio. Es decir, otras regiones más atrasadas se acercan rápido a los niveles que tiene nuestra comunidad. Reconoce el estudio que en mercado laboral se mejora débilmente y el capital humano, el entorno empresarial y la innovación, experimentan un deterioro significativo. El incremento de la productividad, los costes laborales unitarios, población adulta en formación, horas de formación por ocupado, patentes concedidas e investigadores destacan por su negativo comportamiento en términos relativos.

El EIS observa que Navarra presenta posiciones de gran debilidad en gastos en innovación diferentes a la i+d. Hay deficiencias notables en las pymes por su falta de inversión en producto y procesos, marketing y organización interna. El número de empresas pequeñas y medianas que no innovan o lo hacen de manera muy limitada, es elevado. La formación del capital humano es buena y el gasto de i+d que hacen las empresas navarras es positivo, el i+d público se mueve en la buena dirección y las exportaciones de media y alta tecnología están por encima de la media.

Resulta por el contrario muy preocupante, la baja sofisticación empresarial, las limitadas infraestructuras y el deficiente marco institucional que configura un ecosistema de innovación y emprendimiento débil.

En suma, las perspectivas para la economía navarra son favorables en el futuro inmediato pero se vislumbra un escenario lleno de dificultades si no encaramos bien la búsqueda de nuevos espacios de crecimiento. La situación está llena de sombras que delimitan las dificultades que la economía encuentra para transitar hacia un sistema productivo más innovador.

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