Negocios en Navarra, marzo de 2009
Javier Troyas, presidente de Institución Futuro
La terrible realidad de la crisis económica es un hecho incuestionable en España, Navarra incluida. Tras varios años de bonanza económica, la sociedad se enfrenta a una situación compleja y difícil cuya superación requiere aplicar sus mejores energías.

La terrible realidad de la crisis económica es un hecho incuestionable en España, Navarra incluida. Tras varios años de bonanza económica, la sociedad se enfrenta a una situación compleja y difícil cuya superación requiere aplicar sus mejores energías. Como es sabido, la crisis se prevé larga y profunda, y con un alto coste económico. En este contexto, es conveniente recapacitar sobre las razones que nos han conducido al estado actual. 

Al margen de la crisis internacional, existe un consenso generalizado acerca de una idea rotunda: el modelo de crecimiento económico español está agotado. Para conseguir cambiarlo, todos los agentes sociales debemos dirigir nuestras mejores energías en el mismo rumbo, que no es otro que la consideración de las personas como eje de la sociedad. Dicho de otro modo: la gestión de los recursos humanos va a  condicionar en grado sumo nuestro futuro.

Para que el capital humano sea realmente efectivo, hay dos aspectos clave que, en mi opinión, deberían potenciarse y, en algunos casos, mejorarse. El primero es el sistema educativo y el segundo, el desarrollo del espíritu empresarial. Vayamos por partes. El Consejo Económico y Social recordaba hace unos días, a través de su informe “Sistema Educativo y Capital Humano”, que el 30 por ciento de los jóvenes españoles abandona tempranamente el sistema educativo reglado, frente al 15 por ciento de la UE27. Los resultados negativos de nuestros estudiantes en comprensión lectora resultan también preocupantes, porque en el futuro, y con toda probabilidad, esos estudiantes mediocres tendrán graves dificultades de acceso al mundo laboral. Por último, el citado informe subraya la todavía insuficiente demanda de estudios de Formación Profesional, que tanta repercusión tiene en las empresas nacionales.

Con estos datos en la mano, no parece aventurado asegurar que tenemos un problema grave de calidad en el sistema educativo; de no corregirse, va a lastrar la competitividad de nuestra economía. Para resolverlo, no basta sólo con incrementar la inversión pública en esta área, sino que es preciso hacerla productiva. Conviene recordar que no siempre se cumple la máxima de que “a más recursos, mejor resultado”, sobre todo en el sector público. Las constantes reformas sufridas por el sistema educativo en la etapa democrática de nuestro país, causantes de inestabilidad y experimentación permanentes, han contribuido no poco a erosionar su eficiencia, aunque se hayan alcanzado mejoras sustanciales como una escolarización completa y su prolongación obligatoria hasta los dieciséis años.

Además, también cabe destacar los abundantes desajustes entre el sistema educativo y el productivo. Tal y como indica la encuesta “Innovación en las empresas”, elaborada por la Fundación Navarra para la Diversificación, el 55 por ciento de las empresas forales encuestadas tiene dificultades para encontrar personal cualificado. Ese desajuste formativo está lastrando nuestra competitividad y nos está frenando a la hora de sacar las máximas potencialidades de cada persona. El hecho de que la mayoría de los empleados no acceda a programas reglados  de Formación Continua dificulta su reciclaje en ciertas áreas.

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