Diario de Navarra, 10 de mayo de 2012
Emilio Huerta, miembro de Institución Futuro
En tiempos de crisis la atención de la sociedad está centrada en lo inmediato. Las escalofriantes cifras del desempleo, la magnitud del endeudamiento de familias y empresas, el déficit público, los problemas de morosidad y solvencia del sistema financiero y el cierre de empresas centran los debates y son objeto de controversia y discusión.
A su vez estos problemas nos generan perplejidad y zozobra; pero no debemos confundirnos, lo urgente no siempre es lo más importante. La gravedad de la situación oscurece el debate y dificulta que nos centremos en la búsqueda de soluciones. Lo relevante no es dónde estamos, ni siquiera cómo hemos llegado aquí, sino cómo salir de esta situación mediante una estrategia coherente y bien formulada.

Es preciso avanzar una agenda de reformas que de respuesta a tres cuestiones. La primera, cómo generar crecimiento económico; la segunda cómo garantizar, con los cambios que sean necesarios, la sostenibilidad del estado del bienestar y la tercera cómo hacerlo desde nuestras propias fuerzas y no pensando en lo que otros puedan hacer para solucionar nuestros problemas. No conseguiremos superar las dificultades si desarrollamos iniciativas parciales, improvisadas o impuestas y más orientadas a acallar a los mercados que a resolver los problemas que tenemos. Necesitamos fijar una estrategia, una agenda de cambios, que defina un conjunto de planes, programas y políticas que comprometan a toda la sociedad. Una estrategia que identifique aquellas debilidades que amenazan nuestra prosperidad y manifieste una voluntad inequívoca de superarlas. El Gobierno de Navarra tiene que actuar con prontitud, debe tomar la iniciativa. No es suficiente con cumplir las exigencias que vienen de fuera. Navarra tiene un enorme legado industrial, importantes clusters, destacadas actividades económicas, empresas bien posicionadas, instituciones solventes, una buena dotación de capital humano y modernas infraestructuras. Una región crece en base a sus fortalezas, ahora es el momento de aprovecharlas. Debemos superar esta etapa de ansiedad y pasar a la fase del compromiso y para ello necesitamos una agenda de reformas ambiciosa y bien ejecutada.

Es necesaria una visión del cambio, saber dónde queremos ir, centrada en cómo crecer y generar empleo. Con objetivos medibles, concretos y simples. Además se debe impulsar sobre la base de una acción concertada. Los principales agentes sociales: gobierno, empresarios, trabajadores y sindicatos, universidades, asociaciones profesionales y culturales, deben ofrecer iniciativas e ideas para cambiar en los ámbitos que les corresponde, sólo así se avanza. El reto es para toda la sociedad no sólo para una parte. La visión debería servir para orientar el desarrollo de iniciativas posteriores, refrendar su legitimidad y garantizar su coherencia. El plan Moderna sirve para identificar esos objetivos y no sólo para dar acreditaciones y financiación ¿A qué esperamos?

Tras esa visión movilizadora que permita alinear expectativas y centrar objetivos, hay que establecer un programa de actuaciones con medidas concretas y creíbles. Los campos son muchos y variados, la modernización de la administración, la mejora de la formación profesional, la reducción de la economía sumergida, la lucha contra el fraude fiscal y laboral, los programas de formación técnica de desempleados, la cooperación, innovación e internacionalización de las empresas. Hay que avanzar y rápido en esos y otros campos. El hilo conductor debe ser la mejora de la productividad que es la variable que estimula la competitividad y el crecimiento. La agenda de reformas debe presentarse como un todo y no como un paquete de medidas improvisadas e incoherentes; y debe ser percibida como justa en el sentido de que todos los grupos sociales aporten esfuerzos, sacrificios y compromisos. Por último, para su ejecución eficaz, lo más difícil, debe haber un liderazgo claro, el del gobierno y las empresas e instituciones más dinámicas e innovadoras de nuestra sociedad.

No tenemos mucho tiempo, ya va siendo hora de que dejemos de quejarnos, echarle la culpa al otro o resignarnos por nuestra mala suerte. Hay que renunciar a privilegios y asumir riesgos. Donde había dudas y vacilaciones, resistencias y miedos debemos sustituirlo por coraje para cambiar, audacia para buscar nuevas vías para resolver los problemas, determinación para actuar y compromiso para encontrar los caminos apropiados.

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