Navarra: Administración sobrecargada

Navarra: Administración sobrecargada

Diario de Navarra, 22 de mayo de 2019
Ana Yerro, directora general de Institución Futuro

Del total de la población ocupada en Navarra, el 16,3% lo está en empleos públicos, frente al 83,7% perteneciente al sector privado, según los últimos datos de la EPA. Estos resultados, prácticamente similares a la media nacional, deberían hacernos reflexionar sobre el papel que en materia de empleo directo desempeña la Administración. Más aún si tenemos en cuenta su elevado coste: más del 31% de los Presupuestos Generales de Navarra de 2019, equivalentes a 1.346 millones de euros anuales, se destinan al capítulo de personal.

En la legislatura que ahora finaliza, la Comunidad Foral ha registrado un notable aumento del número de personas trabajando para la administración autonómica en términos de población total, hasta alcanzar un ratio de 40,4 funcionarios por cada 1.000 habitantes. En esta cuestión Navarra solo es superada por Extremadura, con 43,6 por cada 1.000 habitantes, mientras que la media nacional se sitúa en 28,2.

A la vista de estas cifras, cabe plantearse si este volumen de personas trabajando para la Administración Foral responde o no a un tamaño y distribución eficientes de su plantilla. A menudo se olvida que existe el peligro de sobrecargar la estructura de la Administración en tiempos de bonanza económica, lo que parece haberse producido con el cuatripartito. Lo que suele olvidarse es que el compromiso de gasto adquirido en el capítulo de personal habrá que mantenerlo en el futuro, incluso cuando el escenario económico sea menos favorable y, por consiguiente, los recursos más escasos.

En Institución Futuro siempre hemos defendido que la Administración debería gestionar el dinero público –que es el de todos- con responsabilidad para que los servicios que presta sean de calidad y excelentes. Sin despilfarros, mirando el céntimo como seguramente lo hacemos todos en nuestras respectivas economías, y pensando no solo en el corto, sino en el medio y largo plazo.

La Administración pública tiene que ser eficaz y eficiente, objetivo que no siempre se consigue a costa de aumentar el número de trabajadores públicos. Se logra, sobre todo, a base de mejorar el funcionamiento del sistema. ¿Por qué no reformular la estructura de la Administración apostando por su eficiencia? ¿Qué tiene de malo evitar duplicidades, emplear los recursos con mayor transparencia, control y calidad, proveer los servicios con mecanismos de buena gestión acreditados ya en el sector privado y fomentar la colaboración público-privada?

Otro aspecto que resulta delicado, pero que tarde o temprano habrá que afrontar, es el relativo al régimen laboral del personal público: la movilidad, la flexibilidad y los incentivos se vislumbran como realidades que, tarde o temprano, acabarán implantándose. Es más que probable que en la Administración navarra, como en otras comunidades autónomas y en la Administración central, se necesiten determinados perfiles y, a la vez, sobren otros. Cuestión aparte, y más que discutible, es el requisito de dominio del euskera para acceder a ciertos puestos técnicos de la Administración Foral localizados en determinada zonas de Navarra donde de hecho resulta innecesario.

¿Y por qué no aprobar un nuevo marco legal para que los nuevos contratos sean más parecidos a las del sector privado? Salta a la vista que muchos funcionarios están mal pagados, tanto en la cuantía como en la forma: cobran poco y, además, de manera inadecuada. En lugar de retribuírseles por su eficiencia, premiando y estimulando el esfuerzo, se impone el café para todos, estrategia que a la larga redunda en una menor productividad. De la misma manera, los hay que no rinden como deberían: a estos se les debería penalizar, igual que en cualquier empresa privada.

La reforma de la Administración, por su propia complejidad, requiere de un proceso riguroso. Por ahora da la impresión de que ningún partido político quiere ponerle el cascabel al gato, teniendo en cuenta que los periodos de gobierno son de cuatro años y, con frecuencia se trabaja pensando más en la reelección que en lo que de verdad importa: conseguir que los navarros tengamos la mayor calidad de vida posible, con sostenibilidad y prosperidad. Por ello, recomendaría al partido o partidos que vayan a gobernar los próximos cuatro años que repiensen a fondo el funcionamiento global de esa gran empresa, la Administración. Ésta es una condición indispensable para que en el futuro Navarra continúe siendo una región de éxito, y hay que ponerse manos a la obra cuanto antes.

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