Un plan que necesita a todos

Un plan que necesita a todos

Anuario Capital de Economía y Empresa Navarra. Febrero 2017
Miguel Canalejo, miembro del Consejo de Gobierno del think tank Institución Futuro

En Institución Futuro hemos analizado con mucho interés la actualización del Plan Moderna, que ha hecho recientemente el Gobierno de Navarra bajo el titulo de Estrategia de Especialización inteligente de Navarra. Dado mi interés por los temas de competitividad regional y mi participación como experto en la elaboración de Moderna, quisiera en estas líneas resumir nuestras opiniones sobre el nuevo Plan.

Oliver Cronwell dijo que “nadie va muy lejos si no sabe a dónde va”. Consecuentemente, debemos valorar positivamente, en primer lugar, que este Plan haya visto la luz. Hay que reconocer que Moderna fue un plan pionero cuando se elaboro en 2010, pero muchas cosas han cambiado desde entonces como consecuencia del impacto que ha tenido la crisis en nuestra economía. Baste con decir que en renta per cápita Navarra era entonces la región europea numero 38 y ahora somos la 48. O que el desempleo de larga duración haya subido del 0,9% al 7,65%.

El capítulo de diagnostico de la situación competitiva de la Comunidad Foral es exhaustivo y resulta en un análisis de las fortalezas y debilidades de la economía que coincide con otros estudios de similar naturaleza. En el último estudio de competitividad regional que publica periódicamente la UE, Navarra se encuentra en la mitad del ranking, en el puesto 131 de 262 regiones, y es la tercera a nivel nacional después de Madrid y el País Vasco. Resumiendo, las debilidades más importantes de nuestra economía son: la escasez de graduados en formación profesional con los conocimientos que requieren las empresas, la calidad del transporte de mercancías por ferrocarril, el poco peso del sector TIC, la falta de emprendedores y el escaso tamaño empresarial.

Compartimos la visión de Navarra 2030 y los objetivos generales que se plantean. Nos parece importante que la prosperidad que resulte de tener una economía competitiva se traduzca, al mismo tiempo, en progreso social, es decir, que sea inclusiva y sostenible en el tiempo. En este sentido es interesante comentar que en el último Social Progress Index (SPI), España ocupa el puesto 17 de 133 países analizados. Una posición mucho mejor que la que ocupamos en competitividad, donde por ejemplo, en el ranking Global Competitiveness del World Economic Forum somos el 32 de 140. En el SPI Navarra ocupa el puesto 129 de 172 regiones europeas analizadas, y de nuevo es la tercera región española después de Madrid y el País Vasco.

En el capítulo de sectores económicos prioritarios, los seleccionados no arrojan novedades significativas. Automoción y Mecatrónica, Energías renovables, Cadena alimentaria y Salud ya figuraban, por derecho propio, en el Plan Moderna. Turismo e Industrias creativas y digitales son apuestas de futuro que nos parecen bien porque aportaran cohesión territorial y desarrollo social.

En cuanto a los factores transversales de competitividad, la selección resulta también acertada. No obstante, parece que el análisis sobre la contribución de las Administraciones Públicas a la competitividad soslaya los dos problemas que actualmente más preocupan a los empresarios: la política fiscal y el persistente déficit público, con su corolario: la creciente deuda pública. Tampoco se establecen ni objetivos ni indicadores que permitan evaluar la modernización, a todos los niveles, de la Administración regional.

Ahora bien, para hacer una evaluación completa de la estrategia, necesitaríamos conocer los planes sectoriales que van a servir como herramientas para su implementación. El recientemente anunciado Plan de Ciencia, Tecnología, e Innovación parece ir en la buena dirección, pero habrá que esperar a conocer su dotación presupuestaria para valorar hasta qué punto la Estrategia va acompañada de los recursos suficientes para lograr los objetivos que se pretenden. Por último, creo que no debemos obviar que el éxito de este plan dependerá, en buena medida, de dos factores. El primero, la habilidad del Gobierno de mantenerlo en marcha a lo largo del tiempo. Y el segundo, su capacidad de involucrar de verdad a los navarros para llevarlo a cabo, porque la Administración, por sí sola, no podrá hacerlo.

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