Hacen falta más Amancios Ortegas

Hacen falta más Amancios Ortegas

Diario de Navarra, 14 de abril de 2017
Ana Yerro, directora general de Institución Futuro

Nunca llueve a gusto de todos. Enmarcada en una aportación global de 320 millones de euros al sistema sanitario público español, la donación de 5,7 millones de euros de la Fundación Amancio Ortega para adquirir equipos de diagnóstico y tratamiento de cáncer en el Complejo Hospitalario de Navarra no ha sido, por desgracia, una excepción. Lo resumía de manera certera en estas mismas páginas José María Romera al afirmar que “la gratitud es una facultad que no está al alcance de todo el mundo”.

En términos generales, la imagen de los empresarios manejada por la sociedad no es buena. Desde luego, la reciente crisis económica no ha ayudado a mejorarla. A pesar de no poder culpar al empresario del paro –dado que éste es un reflejo de la mala situación de la economía, la falta de ventas y otras causas afines-, los EREs, los despidos y en algunos casos la precarización del empleo han hecho mella en la negativa percepción social de los impulsores decisivos de la economía nacional.

En honor a la verdad, no puede negarse que ha habido ejemplos de mala praxis en el mundo empresarial. En ese y en el sector público y en cualquier sector, porque es sabido que la corrupción no resulta consustancial a determinadas profesiones, sino a personas concretas. Quien no es amigo de la ética se comportará deshonestamente en cualquier puesto que ocupe.

A estos hechos negativos se han sumado otros tópicos que, casi sin darnos cuenta, se han instalado en el imaginario de nuestra vida diaria. ¿A quién no le vienen a la cabeza las viñetas de Forges o Chumi Chúmez en las que se caracteriza al empresario con chistera, puro y, por lo general, abusando de su posición de poder? Su desfavorable representación en diferentes películas y series televisivas, tal y como se analizaba hace pocos meses en la revista "Nuevas Tendencias" del Instituto Empresa y Humanismo de la Universidad de Navarra, tampoco ayuda a entender que, por mucho que algunos se empeñen en defender exactamente lo contrario, la empresa es generadora de empleo, riqueza y bienestar, frutos de los que en la actualidad no andamos tan sobrados.

El Círculo de Empresarios analizó hace años la imagen de los empresarios proyectada en los libros de texto de enseñanza media y, oh sorpresa, la hostilidad mayoritaria de sus autores hacia la empresa resultaba evidente. En resumen, se concluía que el empresario no crea riqueza ni bienestar, sino que busca solo su propio provecho, el éxito económico y el estatus de riqueza. En algunos casos, su grado de ridiculización era máximo. Si desde jóvenes se reciben estos mensajes en el sistema escolar, lo extraño sería que se viera la empresa y a sus promotores con respecto y admiración.

Con todos estos factores en mente, no puede sorprender a nadie que el 57% de la población española tenga una opinión regular, mala o muy mala de los empresarios. Tampoco asombra que solo el 36% de los españoles quiera ser emprendedor, término que algunos consideran más amable para referirse, al fin y al cabo, a un empresario que comienza su andadura. A este respecto, es digno de mención que el recientemente presentado Plan de Industria de Navarra incluya como uno de sus principales retos reforzar la imagen social de la empresa como motor de creación de riqueza y bienestar.

Amancio Ortega posee la cuarta fortuna a nivel mundial. Su empresa, Inditex, da empleo a más de 150.000 personas, dentro y fuera de España. Ya solo por ese motivo, por tener en nuestro país a un empresario arriesgado que ha conseguido hacer crecer su negocio, con el consiguiente impacto positivo en la sociedad, habría que estarle agradecido al Sr. Ortega. Como a tantos otros empresarios que arriesgan su capital, apostando por una idea y un negocio que no siempre salen bien. En esos casos, los que más pierden son los que arriesgaron. En nuestra Comunidad Foral también es de justica reconocer la labor socialmente dinamizadora de todas y cada una de las empresas que proporcionan empleo a navarros y foráneos, entre las que destacan la factoría de Volkswagen y la Universidad de Navarra, las dos primeras compañías empleadoras.

Si con la donación de Ortega –cuya fundación lleva años apoyando proyectos médicos, sociales y educativos con cantidades astronómicas– se consigue que Navarra y el conjunto de la sanidad española puedan mejorar su servicio oncológico y, con ello, que se ofrezca una atención más rigurosa a los pacientes, bienvenida sea. Ojalá hubiera en el mundo más Amancios Ortegas y más Gates y más Zuckerbergs y más Buffetts y tantos otros ricos y filántropos. Pese a quien pese.

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