¿Funciona la Estrategia de Especialización Inteligente?

¿Funciona la Estrategia de Especialización Inteligente?

Diario de Navarra, 8 de septiembre de 2018
Miguel Canalejo, vicepresidente de Institución Futuro

Hace más de dos años que el Gobierno de Navarra puso en marcha la Estrategia de Especialización Inteligente de Navarra (S3), un plan con tres metas a lograr por nuestra región a medio plazo: una mejor calidad de vida, mayor prosperidad y una mejor sostenibilidad de nuestro bienestar. En su día ya valoramos positivamente desde Institución Futuro el que se planteara un plan a medio y largo plazo que busca la mejora socioeconómica de Navarra a través de la especialización de su economía en las áreas donde existen mayores perspectivas de futuro.

Pues bien, antes de verano se hizo pública la actualización de los datos del cuadro de mando -con 6 objetivos generales y 20 indicadores específicos- y el Gobierno realizó una valoración de los mismos. Desde el punto de vista metodológico, resulta loable que se evalúe periódicamente y se informe a la sociedad del grado de cumplimiento del plan, más aún con el detalle con el que se hace. Asimismo, es positivo que se haya ejecutado el 99% del gasto presupuestado, y que el presupuesto de la S3 para este 2018 vaya a tener un crecimiento del 9,1%, alcanzando los 215,2 millones de euros, una cifra considerable.

De igual modo, es destacable que Sodena –la entidad pública coordinadora del Plan- haya recabado información externa e independiente sobre el grado de cumplimiento en Navarra de la metodología prevista por la Comisión Europea respecto a la S3. Así, un informe elaborado por Zabala Innovation Consulting y la Universidad Loyola Andalucía ha confirmado, entre otras cosas, que la S3 cuenta con un sistema completo y pionero de monitorización.

Entrado al detalle de los resultados concretos de la S3, se comprueban avances en varios indicadores que son consecuencia de la mejora, en este periodo, del conjunto de la economía española, como la evolución de las tasas de desempleo o la disminución de la tasa de pobreza. Es decir, que su mejora es atribuible más a mejoras competitivas consecuencia de decisiones pasadas, y tomadas a otro nivel, que a la efectividad de la S3. Por otra parte, varios de los datos incluidos se refieren a 2016, anticuados en este momento para valorar el ritmo de progreso.

En temas concretos que siempre hemos identificado como críticos, los datos son contradictorios. Por ejemplo, se constata avances positivos en temas tan fundamentales para la competitividad empresarial como el tamaño empresarial o el número de los egresados en FP. Sin embargo, se observa un empeoramiento en el dato de abandono educativo -que lastrará los resultados a futuro de titulados superiores y de FP- y en inversión en I+D+i sobre PIB, aspectos también de gran relevancia y cuya evolución negativa debería ser una señal de alarma.

Además, se siguen echando en falta en la S3 objetivos tan sustanciales, desde nuestro punto de vista, como el déficit público, la deuda pública o la reducción de la burocracia, a través de una reforma en profundidad de la Administración, objetivos, todos ellos de responsabilidad exclusiva del Gobierno de Navarra. Resulta igualmente llamativo el que, dentro de los objetivos sobre infraestructuras, no se incluyeran entonces, ni ahora, el Tren de Alta Velocidad –con la importancia que tiene para el indicador de modalidad de transporte-, el Canal de Navarra o el transporte aéreo de pasajeros, que son críticos para el futuro de nuestra región.

Asimismo, no se está revisando el objetivo de fortalecimiento de la imagen exterior de Navarra, aspecto crucial tanto para acompañar a las empresas y crear oportunidades para el desarrollo económico como para la atracción de talento e inversiones y apoyo a las pymes a la hora de exportar. También es paradójico que uno de los objetivos de la S3 sea el uso de la fiscalidad como instrumento de fomento de la economía productiva y, sin embargo, el actual Gobierno parezca estar decidiendo en la dirección opuesta.

En definitiva, a pesar de que la S3 es un plan razonable, a la vista de los datos y de la evolución, positiva, pero más lenta de lo prevista, de los principales indicadores del Plan, albergo serias dudas de que se puedan alcanzar los objetivos establecidos para 2020. Más aún si se siguen sin reconsiderar los aspectos previamente mencionados, que tienen una importante incidencia en la confianza empresarial.

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