¡¡¡¡ Con V de Votante !!!!

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BLOG DE INSTITUCIÓN FUTURO

Elías Rodríguez Toral, Biólogo.

Hace tiempo que la película V de Vendetta ocupa un lugar privilegiado en mi estantería y en mi corazoncito. La historia de un líder que se enfrenta al poder establecido, reuniendo en torno a sí una turbamulta de simpatizantes que le siguen ciegamente tiene su punto de atractivo y de épica.

Siendo optimistas, hoy es cuando menos difícil encontrar en nuestro entorno un Guy Fawkes que nos guíe contra el mando autoritario opresor y amenace con volar las instituciones más representativas de establishment, a la vez que sus palabras y actos arrastran a las multitudes enardecidas hacia una rebelión social desarmada. Lo que todo el mundo entendería como un líder. Lamentablemente la clase política de hoy en día produce como síntomas generales tedio, decepción y hartazgo, y cuando lo que se valora es la posición del líder del partido rival, esos síntomas se agudizan en exacerbada crítica, crispación y sordera generalizada a los argumentos del contrario.

Sin embargo, a nuestros políticos hay que reconocerles una habilidad común a todos los partidos, y es el haber establecido una dinámica de apoyo incondicional al líder por parte de sus votantes, que se erigen en defensores de sus tesis y de su persona como si de un forofo futbolístico se tratase, frente a los seguidores del equipo rival. Los morados defenderán al líder morado a capa y espada como partido innovador y promotor de un gran despertar, los azules a sus líderes como tradicionales ilustrados, expertos en el juego político, los rojos defenderán su partido como única vía de escape entre unos y otros, los verdes la nueva casta de luchadores, reconvertidos a adalides de la paz social (¡vivir para ver!).

La mayoría de los votantes que el 20D encontraron una camiseta del color que sea, que les encajó, inmediatamente se han ido a ese lugar común que es lo mío es lo que vale y a mi líder ni tocarlo. Eso es el éxito de esta clase política: una pléyade de militantes sin carné que en el taxi, en la carnicería, en los bares o en las reuniones sociales defienden por encima de todo al partido que han votado y a su líder como gran mesías que cambiará el mundo. Y yo me pregunto ¿Quién defiende al votante? Porque no lo olvidemos: El 99% de los que han votado, también han pasado por hacienda para abonar religiosamente su IRPF, todas sus compras han sido gravadas con el IVA correspondiente y si eres autónomo ya ni te cuento las tasas que tienes que soportar mensualmente… Es decir han puesto su voto, y han puesto los fondos…y aun encima, de manera gratuita y abnegada se entregan a la defensa de los principios y la imagen de su incomprendido líder político.

Y yo os digo ¡BASTA! Que no señores, que no. Con el voto, les hemos contratado. Y con los impuestos, les hemos pagado. Ya lo tienen todo para empezar a trabajar. Y ahora les toca a ellos, a los morados, a los rojos, a los azules, naranjas o verdes, cumplir su parte del acuerdo que no es otra que dar respuesta a las expectativas en ellos depositadas, y ejecutar las acciones que nos prometieron en sus enfervorizados discursos de campaña. Estén en el gobierno o en la oposición; me da igual. Por nuestra parte, es deber ineludible, exigírselo, y no disculparles, ni justificar su indolencia. Igual que a un hijo se le exigen más, pensando en su futuro, los votantes deberían exigir más a sus representantes políticos. Finalizada la campaña, se acabaron las fotos y empiezan los despachos. Menos tweet y más task. Que dejen ya de dar mítines de salón y se pongan a trabajar. Que dejen de pensar en el cargo, que no es sino un medio, para cumplir el verdadero fin, que es servir al ciudadano. Y el servicio siempre es con hechos, no con palabras. Al igual que ninguno de nosotros convencería a nuestro jefe para que nos siguiera pagando el sueldo durante cuatro años a cambio de discursos sobre vacías propuestas irrealizables, ellos deben pasar de las palabras a los hechos desde hoy. Y para que eso ocurra, solo hay una manera: que nosotros se lo exijamos.

Exijámosle, en educación, en sanidad, en ayudas sociales, en la creación de empleo, en las instituciones… Y exijámosles a todos: desde el líder del congreso hasta el empleado de la ventanilla. Si es empleado público, exijámosle que haga bien su trabajo; que cumpla, y cumpla con rigor y lealtad al votante. Que recuerde que sirve al ciudadano y que le representa, porque para eso está puesto ahí. Recordémosle quién le ha puesto ahí y para quién trabaja. Y hagámoslo ahora, ya. No sea que nos ocurra como en mi querida película, y venga un activista detrás de una máscara sonriente a recordarle que son los gobernantes los que deben temer al pueblo, y no al revés. Entonces ya será tarde.

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