Innovar en la pyme: ¿una moda o una necesidad?

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BLOG DE INSTITUCIÓN FUTURO

Acabamos de compartir con varias pymes de muy diferentes sectores y tamaños, dos talleres para diagnosticar su capacidad de innovar y para elaborar después su hoja de ruta para innovar de forma constante. Algunas cuestiones que son recurrentes en este tipo de empresas, que recordemos son el tejido empresarial mayoritario en nuestro país, son las siguientes:
- Confusión sobre el concepto de innovación: generar ideas (creatividad) versus convertirlas en algo valioso para la empresa o “aún peor”, confundirla con la Investigación y el Desarrollo como departamento de una empresa.
- Innovación entendida como moda o como práctica de grandes empresas con muchos recursos versus innovación como llave para obtener mayor margen según demuestra este estudio con más de 3.400 pymes del IESE.
- Innovación es lanzar un nuevo producto o servicio versus diferentes tipos de innovación.
- El innovador nace versus nuestra capacidad de cambiar y generar hábitos a través de una serie de conductas que se han probado efectivas.
- Yo me lo guiso, yo me lo como versus la unión hace la fuerza gracias a la innovación abierta de la que ya hay numerosos ejemplos en pymes y versus los equipos con perfiles complementarios.
Me repetía durante el taller que salvando algunas distancias, estos son los mismos problemas que existen en las grandes empresas y en realidad, creo firmemente que para las pymes el tamaño y la flexibilidad son una gran ventaja que deben aprovechar.
Para tratar de demostrarlo, he recuperado el artículo “Siembre Creatividad y cosechará innovación” (Paddy Miller, IESE insight) en el que ya en 2011 P. Miller habla de un estudio caulitativo en el que entrevista a 22 directivos de grandes multinacionales. Presenta algunas conclusiones como estas:
1) “La innovación es mucho más que una tarea: exige definir la visión que se tiene de ella, gestionarla, incluirla en la agenda de la organización e integrarla en el estilo de dirección del negocio”.
Ahí le han dado! A pesar de la confusión que sigue existiendo entre la creatividad (generar ideas) y la innovación (convertir ideas en resultados), las empresas que obtienen buenos resultados de forma continuada, lo hacen porque tienen claras algunas preguntas sobre la innovación:
¿Por qué innovar?: Por la insatisfacción con la situación actual o por el riesgo de declive.
¿Para qué innovar?: Para diferenciarnos de la competencia y que nos compren a nosotros, reducir gastos, incrementar ingresos, llegar a nuevos mercados o a nuevos clientes…
¿Qué es innovar para nosotros? Los criterios que permitirán valorar si una idea es coherente con lo que la empresa necesita.
¿En qué queremos innovar? Producto, Servicio, Procesos, Relación con el cliente, Modelo de negocio…
¿Cómo lo haremos? Para resolver qué problemas y necesidades requeriremos ideas y en qué plazos (no olvidar el canal abierto en continuo además de las campañas). Qué camino van a seguir las ideas hasta convertirse en proyectos y luego en resultados. Cómo vamos a incentivar y reconocer tanto las ideas como los resultados obtenidos gracias a ellos.
¿Quiénes se ocuparán de convertir las ideas en resultados?; no es lo mismo una mejora en un área, que un proyecto transversal.
¿Con qué recursos contaremos? Qué inversión en formación, medios y tiempo podemos realizar y como esperamos que la innovación impacte en los resultados de la empresa Objetivos transparentes y definidos que van variando a medida que la innovación se integra en el ADN de la empresa.
2) Obstáculos según los directivos de las 22 grandes multinacionales entrevistados por P.Miller:
Errores de juicio: utilizar tecnologías no aplicables a nuestra empresa.
Barreras organizativas: burocracia.
Falta de tiempo: el día a día.
Excesivo apego a la tradición: recorrer los mismos caminos que en su día funcionaron.
Financiación insuficiente: el largo plazo y el riesgo implican inversión de recursos (no olvidemos que el tiempo es un bien preciado).
Barreras culturales: distintas prioridades internas así como desconocimiento de otros mercados y tendencias ajenos a los de “nuestro” área.
Falta de colaboración: Salir de nuestras “cuatro paredes”.
Escasa comprensión del mercado: conocer de verdad los intereses de los clientes no es lo mismo que hablar con alguno de ellos.
Preguntamos siempre sobre las barreras para innovar a nuestros clientes y en los talleres, y estos factores (salvo la burocracia que en las pymes se asocia al tedioso papeleo para obtener subvenciones) son los mismos en las pymes.
Hay tres que siempre salen a flote: Liderazgo e impulso del “alto mando”, desconocimiento de fuentes de ideas y de herramientas sencillas para otear el contexto y el maldito día a día matizado con el agravante de que en la pyme se es “hombre orquesta”.
3)“Es imprescindible que los directivos se muevan con rapidez e incluso se salgan de lo que habían planificado originalmente para captar nuevas oportunidades. Para innovar es importante ser capaz de improvisar”.
Yo diría que la improvisación puede ser “planificada” o aún mejor prevista e inducida siempre que tenga un foco. Debemos dejar un margen para disponer de una cartera de proyectos con “huecos” para ser permeables a nuevas oportunidades de forma consensuada. Importan más los criterios para convertir las ideas en algo valioso, que el número de ideas que obtengamos o la fecha en que estas aparecen. El mundo girar muy rápido y los clientes cada vez saben más y tienen más claro lo que quieren. Una planificación poco flexible, puede convertirse en una nueva barrera para adaptarnos a nuestro entorno y al mercado. Cuidado con aplicar metodologías a pies juntillas.
A modo de resumen, para que la innovación sea continua y mejore nuestros resultados y no una “idea feliz” que puede dar resultados a corto, hay tres pilares que debemos cuidar:
- Atención al contexto.
- Organización de la empresa para innovar.
- Contar con personas innovadoras dentro y fuera de nuestra organización.
Y ¿Por dónde empezamos?. Puede ser de utilidad seguir unas ciertas pautas para evitar desviarnos que pasarían por tener claro:
¿Porqué queremos innovar?
¿Qué consideramos que es innovación?
¿Dónde queremos llegar con la innovación y cómo lo sabremos?
¿En qué innovaremos y cómo?
Una vez estén claras y sean conocidas las respuestas a estas preguntas, ¡sólo queda lanzarse!. La opción seguir como estamos se ha descartado previamente…

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