Las diez revelaciones de la crisis

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BLOG DE INSTITUCIÓN FUTURO

¿En qué nos está cambiando la crisis? Lo sabremos de verdad dentro de unos años. Pero creo hay algunas verdades que ya se están percibiendo.
1. El empleo público no es un atributo seguro. Muchos empleados públicos han descubierto que ese puesto de trabajo que parecía seguro, ha dejado de serlo. Me refiero a interinos, asesores, sustitutos de vacantes, contratados laborales…
2. El despido tiene menos colchones. Antes, un despido generaba 45 días por año trabajado porque los jueces de lo laboral casi siempre fallaban a favor del trabajador. Ahora menos, mucho menos. Nos dan 20 días por año trabajado, y a los temporales aún menos. En en el futuro, puede ser que incluso menos.
2. Hay que ahorrar para prever. España no era un país muy ahorrador. Ahorrábamos lo justo para prever un gasto futuro, pero casi siempre estaba asociado al ocio. En el resto de Europa, se ahorra sobre todo para la jubilación o para los descendientes. Ahora, los españoles ya intuyen que deben guardar dinero para un futuro más lejano e incierto.
3. La pensión estatal no es suficiente. Y tampoco segura. Tenemos que abrirnos planes de jubilación alternativos porque no sabemos si dentro de unos años nos pagarán todo lo que pensábamos que íbamos a obtener por derecho natural.
4. La salud no es ‘gratuita’. Nunca lo fue, pues la pagábamos con los impuestos. Pero teníamos la sensación de que era gratuita en el momento de recibirla: consultas, hospitalizaciones, ambulancias… Ahora, vienen con factura.
5. Los medicamentos no serán tan baratos ni tan accesibles. Cada vez tenemos que pagar más por esta necesidad que antes nos parecía casi gratuita (o gratis total), cuando el médico de la Seguridad Social nos extendía una receta. Ni los jubilados se salvan de esta nueva obligación.
6. El autoempleo ya no es para los aventureros. Ni mucho menos. Se está convirtiendo en la salida profesional para aquellos que antes pensaban pasarse toda la vida trabajando por cuenta ajena. Hay que sobrevivir y reinventarse.
7. Los títulos universitarios no te aseguran el futuro. Es la gran decepción de la juventud. Ya no vale eso de hijo, ‘estudia una carrera para asegurar tu futuro’. Tenemos una inmensa generación de jóvenes con una preparación soberbia que no encuentran empleo, o si lo encuentran, es de becarios o de prácticas. Y así pueden estar años.
8. Hay otros mundos. ¿Salir al extranjero para viajar por placer? Pues no. Ahora hay que hacerlo para encontrar trabajo. Todos tenemos un conocido o un familiar que ha decidido probar suerte en otro país. Españoles por el mundo. Ojalá todos tuvieran tanta suerte como los de programa de TV. Pero me temo que triunfar afuera es más difícil de lo que parece en las pantallas.
9. Tu patrimonio no está seguro en el sistema financiero. En cualquier momento puedes perder tus inversiones, tus ahorros, tus acciones. Teníamos el mejor sistema financiero del planeta. Ya no. Las crisis no tienen sentimientos. Los bancos y las cajas te pueden vender productos que no entiendes y al final pueden quebrar. Te arriesgas a acabar peor que cuando empezaste.
10. Los estados pueden quebrar. El Reino de España estuvo a punto de pedir rescate. Muchos lo daban por cierto. El default. Lo que parecía imposible, estuvo a punto de ocurrir. ¿Ocurrirá?
La gran conclusión de esta crisis es que no hay nada seguro. Ni el trabajo, ni el sistema de salud, ni las pensiones, ni los títulos universitarios, ni los ahorros.
Eso nos ha explotado en la cabeza. Y como la única reacción humana consiste en ‘sacarse las castañas del fuego’, es posible que esta generación dé paso a otra más independiente, más aventurera y que confíe más en su fuerza de voluntad y su creatividad. Será el gran cambio sociológico de los españoles.
Y no es de extrañar que muchos entonen aquella canción de gospel que escuchó el personaje interpretado por Will Smith en la película ‘En Busca de la Felicidad’. En paro, sin casa, sin dinero, y sin comida, con su hijo a hombros, este hombre desesperado escuchó esto en una iglesia:
“Señor, no me quites la montaña: ayúdame a escalarla”.

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