Cuando los impuestos se convierten en “los malos”

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BLOG DE INSTITUCIÓN FUTURO

Sin lugar a dudas, y desde el punto de vista de la sociología fiscal, el 2012 ha sido duro: el Estado de Bienestar español se desvanece poco a poco; la imagen de la Hacienda Pública empeora como ente recaudador y gestor; el cumplimiento fiscal voluntario se ve cada vez más como una “utopía”; se acrecenta el fraude fiscal y lo peor de todo, hasta se justifica.

Pero, ¿son los impuestos los que tienen la culpa de esta crisis o los que pueden ayudarnos, bien gestionados y planteados, a mantener nuestro bienestar? Se me vienen a la cabeza un sinfín de preguntas: ¿podemos vivir sin pagarlos?, ¿cómo sostenemos el Estado de Bienestar sin la solidaridad de todos los contribuyentes?, ¿cómo justificar el cumplimiento fiscal ante una clase política que no ayuda con el ejemplo?…

La actual crisis económica mundial está utilizando la política fiscal en su propio beneficio, y no siempre con los mejores resultados (como bien apuntan estudios especializados o artículos como éste del Blog salmón). Cada país busca estrategias para una mayor recaudación a través de los impuestos, que no siempre vienen acompañadas de una estrategia eficiente en las políticas de gasto público. Todo ello, sin lugar a dudas, afecta y repercute negativamente en la conciencia fiscal de la ciudadanía que son al fin y al cabo los que soportan la carga fiscal de su país y legitiman (o no) el sistema.
Para la sociedad, medidas fiscales meramente recaudatorias (aunque en la práctica no lo sean tanto) como podría ser la subida del IVA en España o Portugal; así como las medidas confiscatorias como es el caso de los “impuestos a los ricos” como en Francia (en donde por el momento se ha declarado inconstitucional, tal y como informa esta noticia) afectan muy mucho a su conciencia fiscal. Ello implica que sus deberes como contribuyentes (tal y como se recoge en nuestro país en el artículo 31 de nuestra Constitución) se desvanezcan, no porque no sigan siendo igualmente obligatorios y necesarios, sino porque la percepción de la ciudadanía es que su dinero no es bien gestionado ni gastado y por tanto, desaparece la utilidad individual (y a la postre, colectiva) de cumplir con sus obligaciones tributarias. La justificación del pago de impuestos en España, tal y como se observa a lo largo de los años en la pregunta P.4.2 del Barómetro Fiscal del IEF, descansa principalmente en recibir a cambio unos servicios públicos y prestaciones sociales (principalmente la sanidad pública como servicio estrella) pero, ¿qué pasará cuando esta contraprestación haya desaparecido?
No cabe duda que somos los contribuyentes, cada uno dentro de sus posibilidades aporta más o menos (principio de igualdad y progresividad), los que sostenemos el sistema, lo legitimamos y los que podemos manterlo o no. De este modo, ¿qué pasa cuando los impuestos se convierten en “los malos” para aquellos que los pagan?.
Un poco de reflexión para comenzar el año.

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