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BLOG DE INSTITUCIÓN FUTURO

Hace no mucho, en esto del Twitter, leía un artículo difundido por mis amigos de Institución Futuro que hacía referencia a un dato cuando menos curioso: en el segundo trimestre del año, según la EPA, el sector privado de la economía generó 49.000 puestos de trabajo mientras que, por el contrario, en el sector público se destruyeron 63.000 empleos. Como referencia señalar que en el mismo período del año en 2011, en lo público se crearon 36.000 empleos.
Otro dato reciente igualmente para la reflexión es el Informe Randstad sobre Tendencias Salariales y Laborales 2012. Es una encuesta dirigida a 173 directores de Recursos Humanos donde el 88% de los encuestados señalan que España empezará su recuperación económica a partir de 2012.
Para terminar con una última referencia numérica, en el barómetro de empresas donde se analiza del primer semestre del año realizado por la consultora Deloitte en este mes de julio y, tras consultar a 260 compañías; una mayoría de ellas piensan que su facturación aumentará en esta segunda parte del año respecto a los primeros seis meses del 2012.
Decía Markt Twain que hay tres tipos de mentiras: las mentiras, las malditas mentiras y las estadísticas. Pero yo, como soy de los de ver la botella medio llena no puedo evitar el ilusionarme al ver estos números. Quizás porque mi trabajo consiste en eso precisamente: en ilusionar, que de desilusionar ya hay suficientes encargados de hacerlo. Demasiados quizás.
Pero tampoco me considero un optimista iluso. De hecho, estos datos, es verdad que no tienen por qué indicar un cambio de tendencia. De hecho alguno me dirá con razón, que por ejemplo no recogen la calidad de empleo generado en el sector privado, o que no son precisamente los directores de Recursos Humanos los más indicados para hablar de cuestiones macroeconómicas.
Dando por buena la teoría de Twain, voy a tratar de trasladar una reflexión alejada de las estadísticas, más desde mi ámbito de actuación, desde mi trabajo de consultor en el día a día:
Primero: Es cierto que las cosas están mal pero no mucho peor que el año pasado, incluso en cuanto a ingresos a través de las ventas –es mi área de trabajo-, en muchas empresas están mejorando su facturación respecto al ejercicio anterior.
Segundo: Son muchísimas las empresas que han tenido que reducir personal por la caída de facturación en los últimos cuatro años. Pero también es cierto es que ha habido restructuraciones y, por ejemplo, para áreas comerciales, se han reciclado e incorporado trabajadores provenientes de otras áreas. Y, por cierto, se siguen necesitando comerciales.
Tercero: Otro problema que existe y últimamente acentuado, es el de cobrar lo vendido. Eso implica a corto plazo prudencia en el vender y un mayor desgaste administrativo-comercial en la gestión de cobro.
Cuarto: El umbral de rentabilidad. El mayor problema sin duda. Ahora que se empiezan a recuperarse algo las ventas, los márgenes son realmente mucho más pequeños y, en muchos casos; la recuperación ha ido acompañada en una merma de la calidad para así poder reducir costes, precios y poder ser más competitivos. Estrategia que, a largo, puede perjudicar seriamente a la empresa en tanto en cuanto afecta al posicionamiento de la misma en el mercado.
Quinto y último: Un cambio de paradigma. Aquellas empresas que conozco que están ahora mismo despuntando e incluso creando empleo son las que en cuanto empezó la crisis e incluso antes, tomaron medidas para reinventarse a sí mismas y mediante la diversificación, la internacionalización y, sobre todo, un enfoque más comercial; están ahora en una posición competitiva más que óptima. Y aquí tienen mucho mérito muchos pequeños empresarios, emprendedores y autónomos que trabajan de sol a sol para mantener o lanzar sus empresas.
Más programas de televisión donde nos enseñen ejemplos de emprendedores y menos donde veamos cómo cuatro desgraciados se hacen ricos a costa de contar sus intimidades. Más transparencia en cómo se gestionan nuestros impuestos y modelos de buena gestión en la Administración –seguro que los hay-, y menos de opacidad en las financiaciones a partidos políticos y centrales sindicales, y en las subvenciones a colectivos o instituciones cuyos intereses rara vez coinciden con los de la ciudadanía.
Necesitamos difundir ejemplos de auténticos Rambos que no se dejan vencer fácilmente pese a las enormes dificultades. Aquí, desde luego, los medios de comunicación deben tener un papel estelar. Ya han demostrado que saben contar muy bien la crisis, ahora necesitamos que se impliquen aún más en contarnos cómo lo hacen aquellos que saben salir de ella.

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