Un taxista llamado ‘speculeitor’

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BLOG DE INSTITUCIÓN FUTURO

Un taxi me llevaba por el norte de la ciudad. Edificios de cuatro plantas. Gran calidad. Calles anchas, muy luminosas. Las nuevas urbanizaciones de Madrid. Era 2004.
Señaló un piso alto.
-Ese es mío.
Seguimos unos minutos.
-Ese -dijo señalando otro piso-. Mío también.
Contó que tenía cinco pisos en la ciudad. Los tenía a nombre de su mujer y de sus hijos. Así pagaba menos impuestos. Todos alquilados. Unos para rumanos. Otros a sudamericanos.
-Son muy serios -dijo moviendo la cabeza-. Pagan todos los meses.
También había comprado y vendido pisos. En unas ocasiones solo daba ’el pase’. Ponía la inicial. Digamos que 30.000 euros. Y cuando llegaba el momento de subrogarse a la hipoteca, lo vendía por mucho más.
Los bancos le prestaban el dinero al euríbor más 0,5 o al 1%. Como los pisos subían de precio cada mes, era un negocio para el taxista y para el banco.
-¿Por qué no deja el taxi? -pregunté antes de bajarme.
Sonrió.
-El taxi me ayuda a descubrir chollos. Cuando hago una carrera, voy mirando carteles. Anoto números de teléfono. Examino la zona y luego decido si me interesa.
Me acuerdo de un edificio muy fashion de esa zona (es la foto de arriba y salía en idealista). Vendían pisos de un dormitorio por 300.000 euros. Un dormitorio. En el foro de burbujainfo se enfurecieron tanto que la mayoría lo tachó de estafa. Era 2006 (dejo aquí el enlace de los comentarios)
Eso era lo normal.
A veces me acuerdo de aquel taxista. Los extranjeros que vivían en sus pisos trabajaban en la construcción. Seguro que están en paro o se han ido del país. ¿Qué habrá hecho con sus pisos? No creo que el taxi le dé para pagar las deudas. Debe ser uno de los entrampados.
Nuestro taxista era un speculeitor. En aquellos años era más rentable comprar y vender casas, pisos, terrenos y oficinas que montar una empresa, invertir en Bolsa o en Letras del Tesoro. Miles de personas (me quedo corto) se dedicaron a ese negocio. ¿Ilegal? Todos lo habríamos hecho, ¿verdad?
Pero, ¿un taxista? Lo digo porque una cosa es invertir, y otra arriesgarse. En el juego del póker, gana quien conoce el límite del riesgo. En lugar de exprimir ‘su día de suerte’, coge las fichas y se va.
En la Era de la Codicia, ganaron los que se retiraron a tiempo. Perdieron los que compraron por encima de sus posibilidades como el taxista. Un taxi da para lo que da.
Son los miles de speculeitors incautos (esos que se arrimaron a la ola) quienes han dejado un pufo en el sistema financiero que ahora tratamos de calcular: ¿50.000 millones? ¿100.000 millones? ¿200.000 millones? Es lo que está negociando ahora el Gobierno de España con la UE. El tamaño del agujero.
Por eso, cuando escucho a un taxista despotricar contra los banqueros perversos, me acuerdo de aquel conductor.
-Ya.

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