Pesimismo creciente

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BLOG DE INSTITUCIÓN FUTURO

Copio el titular de un artículo reciente del Financial Times sobre España, aunque la inspiración me ha venido por unas declaraciones de Manuel campo Vidal en Diario de Navarra sobre el exceso de pesimismo en la sociedad actual. Hace tres meses hablé en la radio y escribí sobre los pronósticos agoreros que preludiaban este 2012. Algunos de mis seguidores me mostraron su honda preocupación. Y no me gustó ver el efecto que tuve en su estado de ánimo. Me sentí cómplice de una mayoría vociferante que anuncia las siete plagas de Egipto, en una espiral de pesimismo autoalimentado. Un círculo vicioso del que solo repartiremos miseria para todos. Algunos como los economistas mediáticos Nouriel Roubini, en USA, y Santiago Niño Becerra, en España, se están forrando anunciando el fin del mundo conocido. A estos les va muy bien con la desgracia de los demás. Son como los que invierten en Bolsa a que todo va a ir mal (lo que se conoce como invertir a corto). Son como buitres esperando a que muera la oveja para comérsela.
Porque ¿dónde está el límite entre la legítima obligación de informar del peligro que acecha y el aprovechamiento obsceno de los falsos profetas? Creo que el exceso de alarma en tan peligroso como la actitud de las vacas que miran cuando pasa el tren. Una novedad de este año es que a papá estado se le ha caído la careta (o se la han quitado los prestamistas que ya no nos fían). No quedan superhéroes salvadores de la economía. Por fin, nos hemos dado cuenta de que cada uno, nos tenemos que “buscar la vida” como mejor podamos. Hemos pasado de ser los más listos del mundo en 2007 a protagonizar “los miserables” en 2012. Ha sido una montaña rusa emocional desencadenada por la caída de Lehman Brothers. Pasamos de la euforia para bajar por un pendiente de ansiedad, negación, miedo, desesperación, pánico, capitulación, abatimiento y depresión. Y en este proceso estuvimos una eternidad suspendidos en la fase de negación. ¿Y ahora qué? El riesgo actual es que nos detengamos demasiado tiempo en la fase de depresión y no nos abramos a la esperanza. Dar paso a la fase de alivio y por fin a un optimismo realista. Aitor, de la empresa Tesicnor, es un idealista que ha puesto en marcha La pizarra optimista. Es una pizarra a las puertas de su empresa en la que todos los días escribe una frase optimista para que el pesimismo sea decreciente.
Esto está muy bien pero necesitamos ir más allá de las palabras. Como consultor, en esta época que me ha tocado vivir, me llegan clientes que se ven a las puertas de la bancarrota. Algunos están en la fase de capitulación superados por la situación y con miedo a perder la empresa y su patrimonio. En muchos casos los bienes familiares avalan las inversiones en empresas. Si caen sus negocios todo se viene abajo como un castillo de naipes. Qué poco se acuerdan ahora, los que tanto critican a los empresarios, de que si les va mal pueden perderlo todo.
Ahora es el momento de seguir luchando. Como decía Wiston Churchill “Nunca nos rendiremos”. Nos ponemos a trabajar codo con codo para dar la vuelta a la empresa y que pueda seguir adelante. En el plan de transformación hacemos hincapié en el liderazgo, la unión de toda la plantilla para salir del pozo y en la importancia de conseguir pequeñas victorias a corto plazo que eleven la moral de la tropa. Debemos explicar a los pesimistas que cuando dicen imposible, están negando la mitad de la solución. Lo primero conseguir la liquidez que nos mantenga con vida mientras hacemos los cambios. La liquidez es como la gasolina para los coches. Serán necesarios cambios drásticos y dolorosos, pero hoy necesitamos creer que podemos. Como decía Virgilio hace dos mil años “Pueden porque creen que pueden”. O sus derivadas más actuales de Obama con “Yes, we can” y la selección de futbol con el famoso “Podemos”.

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