Workaholic

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BLOG DE INSTITUCIÓN FUTURO

Hace unos días leía distraídamente DN y topé con una tribuna donde José Longás, director general y consejero delegado de BSH, daba dieciséis recetas para salir de la crisis.
Dieciséis recetas que básicamente incitaban por un lado a la reflexión y, por otro, a la acción. Todas ellas tenían que ver con dos aspectos elementales en la naturaleza humana: la voluntad y la ética. Longás implicaba a los ciudadanos, a los políticos, a los empresarios, a los sindicalistas, a los educadores, a los trabajadores,… Es decir, a toda la sociedad.
El término workaholic –traducido sería algo así como trabajólico-, tiene normalmente connotaciones negativas. Es un eufemismo que sirve para designar a aquellas personas que sitúan el trabajo en el centro de sus vidas y por consiguiente, dicho comportamiento tiene unas fatales consecuencias que afectan básicamente a su entorno familiar y social. Pero el término también tiene un lado positivo que es el que me interesa aquí trasladar. Un workaholic también es quien tiene un propósito y no ceja en su empeño hasta conseguirlo. Es decir, una persona de acción que adora lo que hace y, en su disfrute haciéndolo, encuentra la felicidad y, cuando uno es feliz en lo que hace, su entorno, la gente que lo rodea, también por consiguiente disfruta más.
Steve Jobs –no necesita presentación-, según los que le conocían bien, respondía a este perfil de workaholic. En su famoso discurso en la ceremonia de graduación de los alumnos de la Universidad de Stanford, hace ahora casi tres años, da buena muestra de ello: “Tenéis que encontrar lo que amáis” les decía a los alumnos. “El trabajo va a ocupar buena parte de vuestra vida y la única forma de estar realmente satisfecho es hacer lo que consideréis un trabajo genial y la única manera de tener un trabajo genial es amar lo que hagáis. No os conforméis”.
Es desazonador observar en personas que tienen responsabilidades en y para la sociedad, cómo siguen con mentalidades del siglo XX y actúan en el ámbito laboral y fuera de él como si nada hubiera cambiado desde hace cuarenta años. Empresarios temerosos, que no arriesgan para salir al exterior, para diversificar productos y/o canales –internet por ejemplo-, para incrementar sus ventas y, por tanto, mejorar así su situación competitiva. Sindicalistas que todavía creen en la lucha de clases y no en la asunción de compromisos y responsabilidades conjuntas con la empresa para sacar los proyectos adelante. Educadores con metodologías trasnochadas que siguen dando más importancia a los conocimientos, descuidando por tanto las actitudes y las habilidades de cada alumno. Padres que delegan la educación de sus hijos a esos educadores olvidándose de su responsabilidad en el aprendizaje de sus vástagos. Políticos que piensan antes en ellos que en la sociedad a la que deben servir que es, al fin y al cabo, la que les paga el sueldo,… Podríamos seguir.
Y luego están el resto de personas que, porque no han podido, no han querido, o por ambos motivos a la vez, no asumen responsabilidades de cara a la sociedad pero que necesitan seguir viviendo y, para ello, ponen sus vagas esperanzas en que los bancos, los empresarios, los políticos o las mismísima Ángela Merkel; les saque las castañas del fuego. Personas que suelen decir aquello de “que nos saquen los que no han metido en esto”. Pues bien, quizás lo puedan hacer y quizás no, pero seguramente los que nos metieron “en esto” sacaron beneficio de ello y ahora, aprovechando la coyuntura actual, tratarán de seguir haciéndolo.
Si los que tienen responsabilidades no cambian nada y los que no las tienen se dedican a mirar por la ventana para ver si escampa, ¿quién va a tirar del carro para adelante?
Pero no nos pongamos derrotistas. Hace unos meses los “quince-emesistas” nos demostraron que la sociedad está menos adormecida de lo que pensábamos. Los jóvenes sobre todo, nos mostraron que tienen capacidad para reunirse y para quejarse. Ahora toca comprobar si esa misma capacidad de unión también sirve para hacer, para crear, para emprender. En definitiva para la acción. Veremos cuantos de los del 15M son también workaholic.
Son tiempos para trabajar más y mejor. Busquemos la esencia de lo que queremos hacer y hagámoslo. Sigamos nuestra intuición. Y es que también son tiempos de arriesgar, de aventurarse, de no rendirse y, para algunos, sobre todo para los que nos gobiernan; son tiempos para redimirse y ser, de una vez por todas, ejemplos para la sociedad a la que dicen servir y a la que ya llevan mucho tiempo dando la espalda.
El workaholic Steve Jobs recordaba en ese mismo discurso, hablando de su cáncer: “Recordar que vas a morir es la mejor forma que conozco de evitar la trampa de pensar que tienes algo que perder. Ya estás desnudo. No hay razón para no seguir a tu corazón”.

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