Tintín y el secreto del negocio perdido

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BLOG DE INSTITUCIÓN FUTURO

Vaya ramalazo de nostalgia que me dio el otro día en el cine viendo a Tintín. Esperaba muy poco del film, esa es la verdad, todo lo contrario que mi hijo mayor cuyas expectativas -como no podía ser menos al ser como su padre un orgulloso devorador del comic de Hergé-, eran enormes. Tan grandes como mi temor en que quedaran defraudadas.
El caso es que, bajo mi punto de vista, el resultado fue magnífico. Está claro que cuando dos magos como Spielberg y Jackson se ponen detrás de un proyecto de aventuras o ciencia ficción es difícil quedar defraudado.
¿Qué es lo que tiene Tintín? Pues un personaje que encierra muchísimos valores. Un pequeño héroe sin más fuerza que su inteligencia, su tenacidad y, sobre todo, su constancia. Un cabezota de tomo y lomo que no desiste ante la adversidad por dura que ésta parezca. Alguno dirá que es ficción y sí, así es. Pero yo prefiero que mi hijo –once años- sea de Tintín antes que, por ejemplo, de Superman. Tintín es humano, comete errores; pero también es intrépido, aventurero y sobre todo, es curioso. Es un buscador de soluciones.
Fantástico momento para ser un Tintín en esta desgraciada coyuntura económica. Y es que son tiempos para la aventura, para huir del fatal destino al que parecen estar resignados no pocos pequeños empresarios que conozco. Pero no es momento para la resignación, lo es para la acción. Tampoco lo es para el análisis que lleva a la parálisis. Sí, en cambio, es momento para la curiosidad, para la intuición, para hacer caso del instinto y ponerte en movimiento.
Si estás en la duda de qué hacer en cuanto al inmediato desarrollo comercial de tu empresa, no le des más vueltas: ¡Hazlo! ¿a qué estás esperando?, ¿a qué sea demasiado tarde?
Tintín hace caso a su instinto, a su intuición, a la vez que no deja de observar que es lo que ocurre a su alrededor para actuar en función del entorno que le rodea. Ya lo comentábamos en mi anterior artículo cuando gurús de la creatividad, reunidos en el congreso El Ser Creativo, hacían referencia al demasiado caso que hacemos al cerebro racional. Y que nadie me tache de iluso que sé muy bien en que arenas movedizas me desenvuelvo pero es que, de tanto buscar soluciones racionales y “realistas” y no encontrarlas; acabamos por sumergirnos en el fango del pesimismo y sin poder de reacción.
Y no es sentados en nuestra oficina donde se buscan las soluciones. Tampoco están en la barra de “voy a tener suerte” de Google, ni en la prensa económica, ni en el 20-N (esos no te van a solucionar nada y si no, al tiempo); sino en poner los ojos en lo que creo que tengo que hacer. En lo que merece la pena arriesgar, en lo que te dicta, no tu corazón –ese déjalo para otras cosas-, sino tu intuición, tu sexto sentido. Porque acertarás. Y lo harás sobre todo porque quien dicta tus deseos es tu conciencia y ésta se inspira en tu experiencia. En tu saber hacer.
Fíjate en los dibujos de Tintín, le verás siempre corriendo –como en la imagen que acompaña éste artículo y que es, a su vez uno de los posters de la película-, o con el ceño fruncido mirando un mapa, un pergamino o una habitación misteriosa en un castillo. No hay una sola viñeta –que yo recuerde- en la que aparezca sentado en un sillón, y pocas en una silla. Sabe que las soluciones no se encuentran estando postergado. Sino observando la realidad a la vez que nos movemos siempre hacia adelante. A la vez que nos ponemos en acción.
Y luego está la postura del derrotista, malhumorado y entrañable Capitán Haddock. Un veterano marino sin barco ni destino. Un perdedor que se refugia en su botella de whisky y que ve en Tintín el alter ego de lo que fue en un tiempo que se le antoja ya muy lejano, cuando de joven surcaba las tempestuosas aguas de los océanos en búsqueda de aventuras. Orgulloso, socarrón, soberbio y cabezota, es una metáfora caricaturesca de lo que alguna vez fuimos y que –creemos-, que por desdén de la fortuna, hemos dejado de ser. Menos mal que apareció Tintín en su vida. Si no, ¿Dónde estaría ahora Haddock?

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