Ilusión de ciudadano, obligación de gobernante

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BLOG DE INSTITUCIÓN FUTURO

Por José León Taberna, miembro de Institución Futuro

Los recortes practicados en el Presupuesto General de Navarra (PGN) de este año, anunciados por el Ejecutivo Foral el 28 de septiembre, no deberían sorprender a nadie. A estas alturas, ni siquiera llama demasiado la atención, por esperado, el término eufemístico y equívoco de “ajustes”, manejado de forma interesada por todas las administraciones en la actual coyuntura económica.
Si una Administración recauda menos de lo que gasta y los mercados ya no conceden más crédito, la conclusión es evidente: el Gobierno de coalición encabezado por Yolanda Barcina debe cumplir, en el ejercicio de su responsabilidad pública, los compromisos legales de déficit adquiridos con carácter nacional. La operación, necesaria aunque dolorosa, supone prescindir de 190 millones de euros en el ejercicio presupuestario de 2011.
A propósito de dicha decisión gubernativa se está desarrollando un debate público en principio más que comprensible. En los años anteriores de bonanza, ¿el Gobierno de Navarra gastó -o como dicen algunos, despilfarró- sin pensar en las futuras vacas flacas de la crisis? Sea cual sea la respuesta que se dé a la pregunta, lo cierto es que concentrar las ideas, las energías y aun el entusiasmo en la contemplación del pasado no va a conseguir cambiarlo. Lo hecho, bien o mal, hecho está. Lo positivo y fructífero consiste en pensar en cómo se van a plantear los años venideros y en qué recortes habrá que realizar en los PGN de 2012 para que el Estado de Bienestar y los servicios sociales básicos no se vean perjudicados.
En este contexto inevitable de recortes, austeridad y sacrificios, el Gobierno plantea la construcción de la Ciudad de la Tecnología y la Seguridad. No se trata de una bagatela cualquiera, sino de un proyecto ambicioso que representaría una inversión de 80 millones de euros para generar "un verdadero cluster que pueda ser referencia en materia tecnológica y de seguridad", según palabras del vicepresidente Roberto Jiménez. Se espera, según sus impulsores, la atracción de inversiones privadas por valor de 850 millones de euros en diez años, y la creación de unos 1.500 puestos de trabajo.
¿De verdad alguien cree que este centro pueda dotar a la Comunidad Foral de riqueza y empleo? Honestamente, opino que no es éste el momento más oportuno para emprender tal clase de iniciativas. Además, las cifras barajadas en cuanto a atracción de inversión pecan de optimismo excesivo. ¿Se ha realizado algún estudio de mercado serio, o un informe de necesidades reales? Sin contar con dichas exploraciones rigurosas, el proyecto podría suponer un fiasco monumental y ocasionar una carga presupuestaria innecesaria para todos los contribuyentes, quienes, recordémoslo una vez más, seríamos los financiadores.
Me esperanza ver que el vicepresidente Jiménez, quien en su día se proclamó férreo defensor de la Ciudad de la Seguridad proyecto que, de acuerdo con su declaración en sede parlamentaria, "es mi prioridad como vicepresidente y mi ilusión como ciudadano", haya rectificado. Ha afirmado que el proyecto no se hará "a cualquier precio", ya que sólo se acometerá si se acuerda con inversión privada. Yo le pediría, además, que el proyecto sea viable y que dicha inversión privada garantice su permanencia en el proyecto.
Mi ilusión como ciudadano, para qué negarlo, es bien distinta a la manifestada por el vicepresidente. Me gustaría que los recortes no afectaran a cuestiones fundamentales. Que se priorizara el gasto y se definiera qué es lo intocable, y qué otras partidas, igualmente importantes pero no urgentes, podrían paralizarse. Que la Administración se rigiera con mayores criterios de eficiencia, basándose en modelos de gestión privados. Que los poderes públicos fueran valientes a la hora de plantear reformas de calado, estructurales, y que sin prejuicios de ninguna clase se llevaran a cabo debates sobre temas tan sensibles como el copago sanitario, el cheque escolar, las empresas públicas, etcétera.
Además, puestos a expresar deseos, me gustaría que los políticos emplearan el dinero público con criterio de eficiencia, pensando que éste no aparece en las diferentes consejerías del Gobierno por arte de magia, sino que se recauda con el esfuerzo de los empresarios y trabajadores cotizantes. Me gustaría, en fin, que el Gobierno de Navarra no se lanzara a desarrollar grandes obras sin asegurarse de que no van a generar más déficit a futuro. Esa es mi ilusión como ciudadano y la obligación, me parece, de todo gobernante.

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