Una batalla Made in Usa

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BLOG DE INSTITUCIÓN FUTURO

La llegada del Tea Party a Washington –noviembre 2010- ha cambiado muchas cosas, sus 60 congresistas y 4 senadores han reforzado al partido republicano. La gran mayoría de sus miembros votaron en contra de la ley que finalmente aprobó el Congreso sobre el techo de deuda. El Tea Party buscaba igualar que por cada dólar que subiera el techo de la deuda, se recortaría un dólar del gasto público.
El Tea Party nació con la voluntad de restaurar en EEUU los principios fundacionales: vida, libertad y búsqueda de la felicidad, así como un gobierno limitado que vele, entre otras cosas, por la responsabilidad fiscal y el libre mercado. No llegó a la capital para aclimatarse y olvidarse de las promesas electorales, han irrumpido para defender lo que prometieron, no se acomplejan por defender ideas políticamente incorrectas. Están al margen del pasteleo capitalino, no son del establishment.
El presidente Obama recibió un país en recesión, se endeudo más para impulsar la economía aumentando los estímulos y el gasto sanitario. Son muchos años de gastar un dinero que no tenían, emitiendo deuda para ganar votos, de guerras que no se han pagado, de enormes recortes de impuestos, de programas muy costosos, tanto republicanos como demócratas son responsables. Esta ha sido tan sólo una batalla, donde las dos partes han cedido, y las iniciativas políticas de Obama permanecerán atadas por la vigilancia del Tea Party en el seno de los republicanos.
Los del Tea Party fueron elegidos para reducir al gobierno y bloquear cualquier aumento en los impuestos. Para ellos, ya no son sagrados los gastos de Defensa, la posibilidad de ahorrar 600.000 millones de dólares en diez años en gastos militares, que se sumarían a los recortes de 400.000 millones en curso, asustó a los republicanos tradicionales, pero no al Tea Party. Entre ellos ciertamente impera el mensaje patriótico que enaltece a los veteranos, pero el primer mandato para ellos es de «no más gasto» y a ser posible «menos impuestos».
El Tea Party está más cercano a la siempre presente corriente aislacionista norteamericana, son indiferentes, cuando no hostiles, a las guerras de Afganistán e Irak. No les importa recortar el presupuesto de Defensa, si con ello persuaden con más facilidad a los demócratas para otros recortes en gasto doméstico. No todos se percatan que el escenario ha cambiado, que el actual modelo de endeudamiento masivo no es viable, que se deben cambiar para conseguir una salida a la actual la crisis financiera. La discusión en Usa no es tan diferente al debate de fondo en Europa, entre la socialdemocracia y el conservadurismo.
El líder republicano John Boehner sabe que la mayoría y la fuerza de su partido se la debe al Tea Party. Su posición negociadora ha sido muy dura. Los demócratas propusieron paquetes de recortes "inauditos" para sus votantes -seguro social, sistemas de asistencia-, no han tenido otro remedio, ante la firme decisión por recortar gastos y la postura anti impositiva de los republicanos. Ambos partidos entienden que llegar al denominado "default" hubiera tenido consecuencias nefastas. Esto ha hecho las cosas difíciles inclusive para los mismos republicanos. La catástrofe financiera ha sido evitada aumentando el límite de endeudamiento del gobierno, con un acuerdo que mantendrá solvente a Estados Unidos hasta inicios de 2013. La crisis de la deuda ha debilitado al presidente Obama, lo que puede obstaculizar su reelección, dentro de sólo un año.
La prensa internacional ha arremetido contra el Tea Party, los ha llamado "terroristas", "secuestradores", "wahabistas". Ocultando que el verdadero problema es la insostenibilidad de estar siempre viviendo por encima de sus recursos, acudiendo continuamente al endeudamiento, cuestión que antes o después saltará por los aires. La realidad es que aunque el debate tomó la dirección del control del gasto, la ley aprobada es ambigua e insuficiente.
Han enseñando las vergüenzas de la deuda EEUU. La fuerza del Tea Party es limitada frente a demócratas, el resto de republicanos y la Casa Blanca, todos ellos adictos al gasto público. Sólo ha bastado un mes de disputa partidaria y mostrando una imagen/realidad de fragilidad economía para la pérdida de la Triple A en la clasificación de la deuda estadunidense, y provocar el pánico financiero por temor a una nueva recesión. Pero tan sólo ha sido una batalla Made in Usa, de las muchas que se librarán en el futuro para salir de donde estamos.

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