Emprendedores y Crecimiento Económico. Educación (uno)

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BLOG DE INSTITUCIÓN FUTURO

“La educación es la fabricación de ecos controlada por el Estado” Norman Douglas.

Me encanta la historia. Ahora bien, no me he aburrido más en mi vida que en las clases de historia del instituto. Eran horribles. Durante 55 minutos escuchabamos la voz ténue y débil de Doña Inés. Asomaba su diminuta cabeza sentada en la silla de su mesa o directamente sobre ésta (los días que quería innovar). Con la chaqueta sobre los hombros, dictaba de carrerilla la lección del día. Consegui aprobar por los pelos y me gané varias reprimendas suyas, y con razón, porque era incapaz de estar quieto. No quiero centrarme en mi querida Doña Inés porque no era la única, ni era culpa suya, un sistema creado hace cientos de años por el imperio Prusiano.
A mi admirado Adam Smith no le gustaba nada los “profesores públicos”. Éstos eran los que cobraban su sueldo independientemente del número de alumnos que acudían a sus clases o del entusiasmo que provocaran en el alumnado. Estos profesores al estar desprovistos de cualquier incentivo se esforzaban y trabajaban poco. El propio Smith fue remunerado por el número de alumnos que acudían a sus clases cuando era profesor en Glasgow. En algunas Escuelas de Negocios los alumnos examinan al profesor. Si éste obtiene una mala calificacción, es sometido a un programa de entrenamiento intensivo o es despedido. La enseñanza es demasiado importante y debe ser liderada por los mejores.
Invertimos menos que otros países de nuestro entorno (4,3% frente al 5,3% de media de la UE) y tenemos una enseñanza de menor calidad. Competir con China o India se va a hacer cada vez más difícil, ya que estos países están mejorando a marchas forzadas su sistema educativo. No sólo competirán en salarios bajos, sino que también lo harán en tecnología mejor que nosotros. España es uno de los países de la UE con mayor tasa de fracaso escolar (un 31% de los estudiantes abandonan la educación secundaria post obligatoria frente al 15% de la UE). Nuestro sistema educativo es igualitarista en la mediocridad. No se busca la excelencia porque no existe incentivos adecuados para ello. Los niños y jóvenes no tienen caminos para desarrollar su máximo potencial. Se les mide por su inteligencia verbolingüistica. Los niños que tienen otro tipo de inteligencia son relegados y salen de la escuela creyendo que son tontos. Pero obtener las mejores notas no garantiza el éxito en la vida “real”. Como tampoco es cierto que el mal estudiante vaya a ser un fracasado de adulto. Es la constación de que hay que cambiar el sistema. Partiendo de un mínimo común denominador de educación básica, a los estudiantes hay que facilitarles que estudien lo que les interesa. Ésa es la clave para que tengan éxito y alcancen la excelencia.
Se evidencia en el informe PISA que tenemos una distribución bimodal del rendimiento académico, donde los buenos estudiantes son mejores que las generaciones previas pero los malos estudiantes son mucho peores. Según el profesor Juan José Dolado, profesor de Economía de la Universidad Carlos III de Madrid: “Nos olvidamos de temas de mayor calado como son (i) la recuperación de la cultura del esfuerzo mediante incentivos adecuados, (ii) la existencia de los controles centralizados (sería muy conveniente recuperar la antigua reválida a los 14 años abolida en 1970), (iii) la insuficiente oferta de “pasarelas” de acceso a la formación profesional al acabar la primaria (la ratio de alumnos en FP y universidad es 1:2.5 en España, frente a 1:1 en la UE), (iv) el reforzamiento del aprendizaje de los idiomas extranjeros (todavía un 55% de la población española no habla ninguno), (v) la financiación generosa de grupos de apoyo para los alumnos desaventajados, (vi) el uso de tecnologías modernas en la transmisión de conocimiento (solo en el 8% del tiempo en clase se utilizan las TICs, aunque se espera mejore con el nuevo plan escuela 2.0), en combinación con el necesario esfuerzo memorístico y el trabajo en casa, y (vii) el reforzamiento de la figura del profesor mediante su formación y reciclaje continuo. En definitiva, se trata de enfatizar el mensaje inequívoco de que la educación no es algo lúdico sino costoso. Éstas son las recetas del éxito en países como Corea o Finlandia, los líderes de PISA. Se trata de extender a la educación pública lo que ya ofrece la privada y concertada, para que compitan en igualdad de oportunidades, eliminando la baja movilidad social que impera en el sistema actual donde la renta familiar (p. ej., la disponibilidad de libros en el hogar) es un indicador preciso de la elección de tipo de colegio.” Un estudiante universitario tiene un coste medio de 7.700 € en una universidad pública y paga una matrícula media de unos 1.000 €. Es decir, que recibe un subsidio anual del contribuyente de 6.700 €. España destina a becas el 0.08% del PIB mientras que la UE destina el 0.25%.

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