Bienvenidos todos al nuevo siglo del ahorro de la energía

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BLOG DE INSTITUCIÓN FUTURO

La noticia no es que haya cincuenta o cien héroes anónimos en la central de Fukushima tratando de calmar las fauces del dragón moderno en el que se ha convertido el reactor de esta central nuclear nipona. El tema es que pasa el tiempo y esta población japonesa, de la que nunca oimos hablar hasta hace un par de días, se ha convertido en un símbolo de los nuevos tiempos que se avecinan. 

En primer lugar, queramos o no, ya nada volverá a ser como antes, tampoco para la industria nuclear. Todos estos años de mejoras, de incremento de la seguridad y de proselitismo de una fuente de energía que, efectivamente, es una de las más baratas que se conocen, han saltado por los aires y lo hemos visto por Tv, como los últimos desastres.

Porque todo ha vuelto a su punto de origen y, en el caso nuclear, ese punto de partida, todavía irresoluto e irresoluble para nuestra tecnología, es qué se hace y cómo se puede tratar con un combustible, el uranio enriquecido, de consecuencias tan negativas para la vida del Planeta y con una duración que solo se puede medir en siglos y milenios.
El problema que ha vuelto a descubrir Fukushima no es si podemos contar con centrales que aguanten un terremoto más un maremoto. No. El asunto es que, en ese núcleo resguardado de todas las miradas, hay un potencial peligro que nos supera, nos intimida, nos mata y para el que no tenemos solución hoy por hoy. Solo medidas parciales, parches, para guardarlo, silenciarlo, dormirlo en el rincón más oscuro y profundo de cuevas, mares o, si se tercia, el espacio exterior y pare usted de contar.
La paradoja, mejor dicho, el gran problema es que no hay desactivación posible como tampoco hay posibilidad de renunciar a la energía tan barata que nos concede la fusión nuclear. Es decir, seguimos enfrascados y la lucha tiene como contendientes a nuestra seguridad y nuestro nivel de comodidad. Hoy igual no lo percibimos, pero empiezo a pensar que Fukushima ha sido el primer Zas! que nos han dado en toda la boca y supone, ni más ni menos que el fin de la era que hemos conocido. Una edad de oro marcada por el derroche a chorro de la energía, por la explotación al máximo de los recursos disponibles en el altar del progreso de la Humanidad.
Siempre quisimos ir más rápido, más lejos y con el pie pisando el acelerador a tope. Me da que este pequeño toque que nos ha dado la Naturaleza ha terminado con ese planteamiento del más y más y más hasta ahora incuestionable. Hoy no, tal vez mañana tampoco, pero eso es lo que nos espera. Bienvenido al nuevo siglo XXI. El del ahorro y la racionalización de la energía. Saludos y gracias por estar ahí.

 

Comentarios

Parece impensable que la reflexión del autor, creo yo, desde la más supina ignorancia del desarrollo de la energía nuclear, ( no hay que olvidar que de las centrales que habla tienen unos cuantos años, aproximadamente 40), suponga una tendencia en la opinión pública, si no fuera por esa manera de pensar de " lo políticamente correcto" Evidentemente que necesitamos gastar energía, cada vez más. Pero no energía subvencionada con el dinero de todos, sino energía que sea realmente rentable. Si no, sólo nos queda pagar la energía a su verdadero coste, con lo que la brecha entre los distintos estratos sociales y mundiales se agrandaría, manteniendo a ese mundo gobernado por las mayores corruptulas imaginables, aún más, en el furgón de cola

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