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BLOG DE INSTITUCIÓN FUTURO

Miguel Sanz ha propuesto introducir el copago en la sanidad Navarra para hacer frente al déficit y saturación del servicio, y poder garantizarlo a largo plazo. Esta tesis ya se ha discutido en otros tiempos e incluso se ha introducido en algunos países. Se han suscitado múltiples y acaloradas discusiones acerca de si la sanidad debe ser gratuita o por el contrario, se debe pagar algún coste. Es una perogrullada recordar que la sanidad no es gratuita. ¡Nada es gratis! Es obvio que todos los servicios públicos los sustentamos con nuestros impuestos. Lo cierto es que cualquiera que haya ido a urgencias o al especialista, se habrá dado cuenta de que tenemos un problema de saturación. ¿La tasa por uso puede ser la solución? Creo sinceramente que no es la solución. Sin embargo, que no sea gratis puede ayudar a racionalizar el uso. Puede ser una medida necesaria pero no suficiente. Se han enviado facturas a casa de lo que cuestan las intervenciones médicas, pero no sirve de nada porque lo que nos motiva es que nos toquen el bolsillo. Así de claro. ¿Y porqué no hablamos del resto de servicios públicos? ¿Por qué no implantar pequeños pagos para reducir algunos abusos?

Pronostico que este artículo será el más leído, de los que he escrito, porque el título atraerá a muchos más lectores interesados. El arma de “convicción masiva”, que es el gratis, viene siendo usado desde mucho tiempo atrás por las empresas. Las cuáles ven cómo se disparan sus ventas si ofrecen producto a coste cero. Como dice mi amigo Esteban “lo que no vale nada, hay que cogerlo cueste lo que cueste”. Caemos en la tela de araña como moscas. Afecta también a nuestras compras de comida. Compramos un yogur porque el anuncio indica, con grandes letras, “0% de grasas”, pero no miramos la letra pequeña donde pone las calorías,…las cuales no son cero. O la propia Coca Cola que lanzó la Zero. ¿Qué diferencia hay entre la Zero y la Light? Quizás algo de sabor, pero lo más importante es que la Zero crea la ilusión de que no tiene calorías, cuando en realidad, ambas tienen una caloría. Cuando AOL (America Online) cambió su servicio de conexión a Internet de una tasa por horas a una tarifa plana mensual; el reclamo de poder navegar por Internet sin coste horario desbordó la demanda del servicio pasando de 140.000 a 236.000 clientes. Internet es un paradigma de lo gratis. Cualquiera que navegue por la red comprobará como la mayoría de servicios utilizan el gancho de la gratuidad para que entremos en sus redes. Una vez que somos usuarios de ellas descubrimos que por un poco de dinero podemos ampliar y mejorar nuestro perfil de “miembro gratuito” por las opciones usuario, asociado, premium, etc.

Según Dan Ariely, profesor de psicología del consumo, la palabra GRATIS hace que no podamos controlar a nuestro cerebro, supuestamente racional. Desviamos nuestras decisiones de la mejor solución a otras opciones gratuitas, pero peores. Éste afamado investigador de la conducta económica ha demostrado además que somos previsiblemente irracionales. Es decir, nuestra irracionalidad se produce siempre del mismo modo una y otra vez. Lo ha demostrado con multitud de experimentos como el de los bombones de chocolate. Ariely y su equipo montaron un puesto de chocolates. Con un gran cartel en el que se leía “Una pieza de chocolate por cliente”. Cuando los potenciales clientes se acercaban podían leer los precios de las dos opciones: elegir una trufa Lindt por 15 cents. o un bombón Kisses por uno (la trufa cuesta unos 50 cents. y el kisses apenas 5). Los clientes se decidieron por la trufa en un 70%. Fueron racionales y escogieron la trufa (50-15= 35 cents. de beneficio) frente al Kisses (5-1= 4 cents. de beneficio). ¿Y qué pasó cuando bajó el precio a 14 cents. la trufa y cero los Kisses? Como se habrán imaginado, el 70% eligió los Kisses en vez de las trufas, a pesar de que todavía era una mejor opción pagar 14 cents. por algo que vale 50 (36 de beneficio), que no pagar nada por algo que vale 5 (5 de beneficio). ¡Qué irracionales, por más que previsibles, somos los humanos!

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