De la sociedad civil para la sociedad civil

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BLOG DE INSTITUCIÓN FUTURO

Hace un par de meses, una delegación que representaba a más de cien empresarios e intelectuales expuso al Rey una propuesta para salir de la crisis y construir una nación próspera y de futuro. Se trataba de la iniciativa Transforma España, elaborada por la Fundación Everis. Se definía como una propuesta optimista y contundente de la sociedad civil española.

No la presentaron al presidente del Gobierno, tampoco al jefe de la oposición, sino al rey Don Juan Carlos. Puede entenderse como una manifestación inusual. Este bypaseo, yendo directamente a la cabeza, no es sino la preocupación que se ha convertido en urgencia nacional frente a lo errático e impasible de la clase política, que estaba en otra cosa.

En los últimos tiempos estamos asistiendo a un continuo goteo de manifestaciones de parecida índole. Otro grupo denominado "los cien economistas" (son bastante más de cien), procedentes en su mayoría de FEDEA (Fundación de Estudios de Economía Aplicada), están lanzando recomendaciones concretas y comprometidas sobre la dirección que debieran tomar las reformas necesarias en el país, en concreto, sobre el sistema de pensiones y sobre la reforma laboral.

Todas las propuestas llevan implícitas las mismas premisas: la confianza en nuestras capacidades para generar una España admirada de futuro, la urgencia de no perder un solo minuto en acometer los ajustes que la economía requiere para salir de la crisis y la necesidad de hacerlo unidos, aunando fuerzas entre todos.

Hay cada vez más ciudadanos formados, informados, responsables y participativos, que sienten la necesidad de responder, conscientes de que cada minuto que pasa ya no podremos aprovecharlo y que juega en nuestra contra. El mal hacer de la clase política nacional está consiguiendo que, poco a poco, la sociedad civil alce la voz.

Los ajustes que el sistema económico y productivo español necesita se van a hacer. O los hacemos desde dentro o nos los hacen desde fuera. No existen alternativas. Esto es así, porque estamos ligados de manera irreversible al euro y la Unión Europea. Y parece además que es mejor que así sea, prediciendo el orden geopolítico mundial que se avecina.

José Luis Malo de Molina, director general del Centro de Estudios del Banco de España, nos exponía con mesura y equilibrio encomiables, en una conferencia organizada por Institución Futuro, el delicado momento de la economía española y la necesidad de tomarse muy en serio la ejecución de las reformas estructurales que el país necesita para salir de la situación actual, aunque advertía que el proceso sería lento. Era optimista, porque también está convencido de las capacidades del país para reaccionar, pero su optimismo era condicionado. Condicionado a que se lleven a cabo las reformas necesarias. No sólo estamos ligados al euro, sino a la confianza que generemos en los mercados externos. Ser objeto de un rescate hundiría nuestra imagen y entraríamos en una recesión de la que tardaríamos muchos años en salir.

El problema lo encontramos cuando pensamos en quiénes son los encargados de llevar adelante las mismas: sindicatos, patronal, gobierno, oposición. Todos están interesados en mejorar su imagen, todos por unos u otros motivos recogen bajas valoraciones de los ciudadanos, incluso aparecen como un problema añadido más. Todos han demostrado haber puesto sus intereses particulares a los colectivos.

¿Qué confianza podemos tener en que las reformas van a abordarlas con profundidad, responsabilidad y compromiso más allá de la mejora de imagen y lavado de cara propio? ¿Vamos a asistir de nuevo a una puesta en escena, al maquillaje, a la propaganda?

Los ciudadanos están hartos de maquillajes y propuestas de marketing. La sociedad civil está cada vez más participativa y despierta. Por necesidad. Cada vez son más quienes solicitan con urgencia compromiso, esfuerzo, realidades y valentía. No pueden fallarnos. Es su última oportunidad para construir una España de futuro y también la nuestra. Parte de ellos son también sociedad civil, más institucionalizada y sostenida que otros como fundaciones, centros de pensamiento o voces plurales.

Vamos a observarlos, vamos a evaluar la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace y los resultados y vamos a estar presentes en cada paso y, además, con esta actitud activa vamos a participar con la voz de la sociedad civil, que exige sentido común y compromiso real. Estamos aquí y no les vamos a perdonar que no defiendan nuestros intereses, que es para lo que los votamos en las urnas sindicales, patronales y políticas.

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