Mercado laboral y reforma de la empresa (I)

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BLOG DE INSTITUCIÓN FUTURO

Por Emilio Huerta es catedrático de la Universidad Pública de Navarra y miembro de Institución Futuro y Vicente Salas, catedrático de la Universidad de Zaragoza.

Los críticos de la reforma laboral en España, y entre ellos de modo especial los sindicatos, dan por supuesto que cualquier iniciativa que otorgue más poder de decisión discrecional al empresario será lesiva para los intereses de los trabajadores.

Sin embargo, la reforma laboral no predetermina las decisiones de empleo, organización del trabajo, políticas de recursos humanos..., de las empresas; solo ofrece un mayor margen para responder a contingencias que afectan a su actividad productiva y comercial. Aumentar el margen de ajuste ante lo imprevisto significa más flexibilidad y más capacidad de adaptación a entornos cambiantes. Eliminar restricciones y aumentar el conjunto de alternativas factibles no puede empeorar los resultados conjuntos para empresarios y trabajadores, en comparación con los que se consiguen en contextos de mayor rigidez. La desconfianza y el rechazo a la reforma laboral se explican solo a partir de la anticipación de cómo se repartirá la riqueza creada y, en particular, porque los sindicatos anticipan que el reparto perjudicará a los trabajadores.

Los defensores de la reforma laboral, en cambio, destacan las potenciales ventajas de una mayor flexibilidad en las empresas y afirman que la colaboración y negociación descentralizada entre empresarios y trabajadores, que promueve la reforma, redunde en mayor riqueza para todos. ¿Existen argumentos convincentes de que la mayor libertad negociadora que ofrece la ley, abre oportunidades para encontrar soluciones organizativas, salarios y condiciones de trabajo que no solo mejoren la rentabilidad del capital sino que también aumenten el bienestar de los trabajadores? En principio, la repuesta es afirmativa. Por un lado, la investigación académica en organización de empresas ha demostrado que un funcionamiento interno con más participación de los trabajadores hace a las empresas más productivas y rentables, a la vez que se favorece la autorrealización de los empleados. Entre los líderes empresariales y comentaristas es frecuente escuchar manifestaciones sobre el carácter estratégico de los recursos humanos y su valor para la empresa, algo que sería contradictorio con la predisposición a privar a los trabajadores de participar de las ganancias de un funcionamiento más eficiente.

Aceptando que existen fundamentos que avalan que una gestión empresarial más alineada con los intereses de los trabajadores es no solo una exigencia desde la equidad sino también una condición para reforzar la competitividad de las empresas, el debate social debería centrarse en identificar cuáles son los factores institucionales que emergen como obstáculos para pasar de la situación actual de desconfianza a otra de colaboración interesada.

La negociación entre empresarios y trabajadores en las empresas siempre está abierta, con o sin ley laboral. Sin embargo, que exista norma o no, resulta relevante para los términos del acuerdo final. Empresarios y trabajadores, cuando negocian, saben que si la negociación termina sin acuerdo y existe una norma que regula la relación laboral, entonces se aplicará lo que dice la norma. Por otra parte, si no hay una norma concreta que regule los términos de la relación, en caso de que la negociación se rompiera, en principio, le corresponderá al empresario tomar la decisión final. Una reforma liberalizadora y que fomenta la colaboración negociada entre empresarios y trabajadores, aumenta la autoridad del empresario en la medida en que si no hay acuerdo con los trabajadores, el empresario tiene más margen para tomar decisiones relativamente favorables a sus intereses. Y como es bien sabido, a partir de los modelos de negociación, si una de las partes mejora y otra empeora en el nuevo punto de ruptura de la negociación, en el acuerdo al que se llegará quien mejora en el punto de ruptura también mejora en el reparto final. Es en este sentido que resulta legítimo afirmar que la flexibilidad interna que resulta de eliminar normas y ampliar el margen de negociación entre empresarios y trabajadores, beneficia a los empresarios.

Continuación: Mercado laboral y reforma de la empresa (y II)

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